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Saturday, May 17, 2008

Gasti tiene razón: hace un montón que no publico nada.

Volveré. Juro que volveré.

Wednesday, March 26, 2008

Diario. Vacaciones en Villa Gesell, mes de marzo, año 2008

Ayer. Una máxima de playa: el musculoso camina acompañado de mujer de panza chata.

Hoy: bosque. La imagen familiar de esos cuatro me hizo sentir reconfortada. Matrimonio con dos chicos. La nena de pelo muy largo. Yo: tenía que hacer un placentero esfuerzo para recibir las gotitas de agua, livianas, sobre la cara. Cara al cielo, cuerpo en reposo, olor a eucalipto y ambiente de diversión, familia y esperanza. De todos modos me cuesta alejarme de los fantasmas. De los fantasmas vivos.

Más hoy. Martes. Recién me acuerdo de la fecha. 9 años… Te pregunto frente al mar si ya no fueron suficientes pruebas. Los hermanos, la no abuela, las piernas… ¿Cómo hago para ser menos permeable?. Nubes imposibles de blancas y grandes. Partes del cielo muy celeste. Esa casita naranja. Tan poquita gente. Piernas. Dientes. La nena más linda del mundo. Él que es grande y bueno y siempre quiere ahorrar. La nena lo disfruta fuera del tiempo real; andá a saber qué piensa, tal vez crea estar soñando… Y vos que no la conocés, que nunca le besaste la espalda ni le estiraste un rulito rubio. Qué zonza que te fuiste tan temprano… Un poco de humor entre lágrimas no le viene mal a nadie…

Violeta y Diego: se metieron al mar. Ahí vienen. Todavía no sé qué sintieron al estar juntos en un lugar así, tan inmenso. Viole tiene una amiga que es de su mismo tamaño y grita igual de alto.
Yo: afligida de repente por la mancha de la mujer. La mujer por siempre de herida abierta, de dolor cada tantos días. Adiós de momento al deseo de un nuevo hijo. Resignación por tiempo de imposible determinación.

¿Cuánto?
¿Cuándo?
¿Por qué ahora no?

Indudablemente éste no es tiempo de recompensas por algunos lados de mi planeta.


Días enteros de playa. Poca pero concentrada contemplación. Invasiones externas Telefónicas e incomprensibles. Pero lo nuestro, lo íntimo, lo propio, lo verdadero, quizás mejor que nunca. Diego me dijo que quiere tener otro hijo conmigo y desde entonces no puedo más que amarlo y amarlo y amarlo.

Hoy juntamos caracolitos con Violeta. Es una máquina de disfrutar: amigas por aquí y por allá y juegos con todo lo que tiene a la mano. La magnitud de la buena infancia que vive es proporcional al mar.

Sábado. Después de un helado frente al mar, antecedido por una siesta sin culpa, y anticipado por una zambullida perfecta en temperatura y oleaje, siento que las vacaciones son un período de amor más que de descanso. Una isla que se aleja de todas las rutinas. Un páramo que se planta entre la belleza natural y las ganas de compartir, de no pelear, de disfrutar.

Día de la mujer. La gente me llama demostrándome amor. Entonces, pienso con olor a sol en la piel, que algunas cosas debo hacerlas bien.

Violeta también es muy sociable, y hermosa, y bailarina, y feliz. Ahora duerme en brazos de su papá quien oficia de tal quizás como nunca antes. Los amo a los dos y le agradezco a Dios sus señales y sus regalos haciendo un dibujo que quizás nadie vea nunca.

Wednesday, February 20, 2008

¿Cuándo en verdad es prudente agradecerte, espejo mío?

¿Cuándo me mostrás mis dientes lavados a mano y adornados con argollas que cuelgan de mis lóbulos sin besos; o cuando parada de frente toda derechita me dejás ver mi espalda entera, presa de la magia de lo imposible y lo aparente?.

Traduzco tu silencio en piedad y canto agradecida.
Hay un momento de la vida en el que resulta maravilloso pensar que las bases de nuestra personalidad – y por qué no de nuestra dicha – se han forjado en la niñez. Porque siendo así le decimos que sí a los defectos, nos burlamos de tantas virtudes, y nos escondemos de algunos monstruitos disfrazados de papá Noel sin que nada nos parezca más importante que un caramelo. El problema, como siempre, aparece después, cuando somos los conductores de la niñez de otra persona que para colmo se hace poseedora de casi todo nuestro amor. Ahí quisiéramos que la niñez sólo fuera un transcurso de inocencia y juego, todo impermeable, como el piloto del Sapo Pepe que llegó a sus manos en la última navidad.

Friday, February 15, 2008

Me plancho el pelo intentando algo. Me meto el índice bien adentro de la nariz jugando a rascarme la cabeza desde adentro. Frustración. Gestos veloces. Actos mínimos. Y la tristeza que pelea con mi tiempo. Juegan al dominó y después a la rayuela para después matarse, tirarse de los pelos y hacerse crujir los dedos. El ruido es horrible, seco, violento, y sólo yo puedo escucharlo.

Mis piernas también pelean contra algo, creo que nos les gusta pertenecerme. El mate es quizás lo que mejor me hace después del amor tan escurridizo.

Últimamente soy yo la que da, la que debe entregarse al otro sin cuestionar. Me convierto en respaldo y abro y cierro los ojos cada vez más agotados. Exijo sin gritar una paz que nunca llega. “Esto es ser adulto”, pienso a diario, pero el consuelo tampoco es lo mío. Y así es como algunos días me duermo pensando que soy en los otros y que por eso, muchas veces, los otros no me ven.

Y uno nunca es lo suficientemente víctima como para quejarse. Uno nunca es tanto ni tan poco. Uno es algo, un ser, un uno, individual, conflictivo, confuso, verdadero. No queremos adjudicarle al mundo el poder de convertirnos en “alguien” pero lo hacemos olvidando que antes de dejar nuestro mejor parte en manos desconocidas ya éramos todo lo que podíamos ser:

El debate entre la herencia cultural y las costumbres elegidas.
La búsqueda de una fe única que termina pareciéndose a todas.
La capacidad de sorpresa ante el milagro de la vida.
El dolor como punto de partida hacia el cambio genuino.
La aprehensión a lo violento.
El gusto por lo genuino.
La dificultad para mimetizarnos con el arte.


Me ahorco con los lazos familiares porque no puedo lucirlos en un peinado. Vuelvo al pelo, a la cara, a los ojos que son los que más cambian. Y ahora soy yo la que juega al elástico en el patio inmenso del colegio. Visto de azul y ya tengo bien marcadas mis ojeras. Es invierno y sé que mi mamá va a venir a buscarme metida dentro de su saco de piel largo hasta los tobillos. Sólo ella en todo el mundo puede llevarlo tan bien un martes al mediodía. Caminamos las cinco cuadras y nos llenamos la nariz -como recompensa al entrar a La Casa- de un inmejorable aroma a hamburguesas caseras y salsa blanca con choclo. Vemos la tele, charlamos, y me siento a jugar donde siempre. Sí, soy yo, me veo, lo sé, me reconozco, ahí estoy. Tengo ganas de advertirme que no crezca, que me quede ahí, petrificada, con una barby en una mano y el lapicito en la otra, pero no me lo digo. No me digo nada. Me observo en silencio recordándolos a ellos, a ellos dos, a la nena esa de ojos caprichosos y a él con sus silencios y distancias. Ellos dos no son lo único que vale la pena pero sí son el mayor exponente de mis razones que mi corazón, desde ya, jamás entenderá.

Friday, January 25, 2008

¿Por qué un día me parece lo más posible y natural modificar gran parte del funcionamiento del mundo con el sonido de mi perfume, por supuesto mis hermosísimos ojos, y la voz que así impostada me sale tan sublime mientras se expande sobrevolando esos pastos verdes y amarillos, y enseguidita después inmediatamente me vienen esos mareos que me hacen callar y en el más triste de los silencios pedir o más bien rogar una caricia sabiendo con el alma que nada de lo mío es lo suficientemente necesario para el mundo?.

¿Por qué?.

Y entonces me entero que alguien ganó un premio de mi interés y me digo, sin esconder desconsuelos varios, que pronto me tocará a mí, pero después me siento a leer cualquier autor que sabe más que yo y me pongo a llorar, inundada de envidia, sintiendo que no conozco ni la mitad de las palabras que me harían feliz. De todos modos, como soy porfiada y obstinada y testaruda y muy hermosa, me acomodo sobre los papeles blancos y dejo salir unas palabras no queriendo pensar en que siempre digo lo mismo: nada. Una nada densa que cuando estoy de buen humor tiene el poder de deshilacharme, y cuando estoy dada vuelta, se abusa de un truco –para ella- formidable: el de convertirme en estatua. Cuando logra alcanzar ese objetivo debo admitir que siempre elijo ser un varón, en parte porque me gusta esa libertad que poseen de llevar pelos en las piernas y en los pechos más amplios, y también porque siendo una estatua masculina cargo un lindísimo miembro siempre pequeño y eternamente duro que me hace conectar con ese costado viril que me vuelve loca.

Monday, January 21, 2008

Un rincón de mí que a veces es siniestro se agiganta durante los insomnios.
Se lo debo al miedo en parte, pero sólo en parte.
Reculo, voy hacia atrás, y saco humo por mi boca.
Humo de culpa y cargo. Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. Y ese Dios que se supone siempre me perdona.

Veloces son los pensamientos, siempre más que las palabras.
La lucha entre ellos es sanguínea, y real, más real que ésta noche igual a tantas otras.
Hay días y noches que se repiten, que reviven para hacer algo que siempre queda pendiente. Esos nunca y los mil siempre. No hay escapatoria.

La parte idiota de lo que soy. La parte que piensa y la parte que dice.
Las partes que se dividen en sus partes. No al juego de palabras. No a la discriminación. No a los ojos cerrados y a la llave que se pierde y a las mentiras piadosas. No y no. Ya estamos grandes para hacer algunos trucos. Te saco la nariz, me corto el dedo. Ya no porque todavía no llueve y el silencio. Nubes oscuras que asustan niños. Cuánto y cuál viene a ser el silencio que no hace ruido, dónde está, por qué me huye...

Un auto pasa, sé que es un taxi, su sonido me lleva a los deseos. Deseos de escribir, de hacer, de inventar lo que haga falta. Me rasco más que otras veces el ojo izquierdo rodeado de morado. La piel es de otra mujer, de otra más alta y segura. El ojo es mío.

Thursday, December 27, 2007

Adorada gente mía:
>
> Gracias a todos los que mandaron mails por las fiestas, es muy meritorio que
> hayan encontrado un hueco para tal fin en los agitados días del mes de
> diciembre. Gracias a todos los que no enviaron nada porque seguro tuvieron
> las ganas pero no pudieron. Gracias a los amigos que veo siempre porque eso
> significa que nos queremos. Gracias a los que veo poco porque eso no
> significa nada. Gracias a las primas por estar siempre cerca llenando de
> risas infantiles y abrazos de hermandad mi transcurso por la vida. Gracias
> Tini y Santi por ser los sobrinos más lindos y buenos del mundo. Gracias a
> los suegros por ser tan generosos y los mejores abuelos. Gracias a Elcira
> por tanto. Gracias Ivi por ser tan linda. Gracias Gasti por ser mi
> hermano. Gracias Vivi y Daniel por los momentos compartidos. Gracias Vicky
> por ser mi gran amiga y la madrina de mi niña. Gracias Guada por tus
> rulitos y tus saltitos y tus risitas. Gracias a la familia de Innocentiis
> por todo su amor. Gracias a los literatos por amar lo mismo que yo.
> Gracias a Paula por la ropa, la cama, los mates, los chusmeríos y todos los
> instantes compartidos. Gracias a las mamás y piojos del jardín por haberse
> colado en mi corazón. Gracias a los espisúa por ser amigos de la casa.
> Gracias Mechi por dejarte quebrar por mi nena. Gracias Agus por haberme
> dejado ser parte de tu cumple y por dejarme siempre ser parte de tu vida.
> Gracias Ceci por estar incondicionalmente. Gracias Sil por tenernos siempre
> en cuenta. Gracias Juan por tantas cosas tan llenas de letras. Gracias
> Lopez por hacernos sentir queridos a pesar de los kilómetros. Gracias
> Marianita por escribirme esos mails. Gracias Nico, Mari y Santi por ser tan
> bonitos. Gracias a mis amigas con las que ya no nos tomamos aquellos vinos.
> Gracias Pato por las confesiones, catarsis y halagos compartidos. Gracias
> Beker por seguir esperando mi carta. Y a ustedes, Diego y Violeta gracias
> por alegrar mi vida a fuerza de caprichos, corridas, risas, apretones,
> palabras, canciones y tanto pero tanto amor, son lo que más amo en el
> mundo...
>
> Así que feliz Navidad para todos y gracias otra vez y siempre.
>
> Los quiero mucho,
>
> Maca

Wednesday, December 05, 2007

Balance

Viste cómo soy: nunca puedo evitar los balances teñidos de rojo y verde con los brillos plateados y las lucecitas de colores intermitentes que me contengo de comprar en el “Todo por dos pesos” en el que, dicho sea de paso, nada vale dos pesos. Y desde ya en la Navidad el infaltable recuerdo del pajarito más feo del mundo que canturreaba hasta que sus pilas se fueron a contaminar el medio ambiente. Ahora que veo noticieros me entero de los crímenes irresolutos, de los niños que siguen muriendo de hambre, y hasta de que los presidentes cambian a fuerza de cirugías estéticas y labios inflados de algo que se llama botox. Moneda corriente, parece ser. ¿Yo?, bien, avejentada en mis treinta no tanto por las marcas de alrededor de los ojos que quedaron en un segundo plano. No. Esas tanto tanto no me molestan. A mí me molestan las otras, las del tiempo casi real, las espirituales, esas que no cicatrizan (las turras, las malas, las ensañaditas).


Y como quien no quiere la cosa se me dio por volver a aquellos seres impersonales, sanguíneos, tan empecinada, obstinada y firme como siempre en mi misión de encontrar razones en la demencia. Así como lo escuchás, che. Vender, comprar, heredar, intentar un diálogo... Pero no es posible. Igual, ojo, creo que ya entendí. Creo, mirá si no...

“Chicos, chicos, vengan, escuchen:
La locura ahora es la madre que perdimos.
¿No les parece horrendo?”.

No. Ni en eso el acuerdo.


Un rostro inmejorable me sonríe, me canta, me hace soñar, escribir apurada, sentirme útil, mujer, demasiado ocupada. La velocidad del tiempo no me gusta. En el jardín, sentada al sol los pocos segundos que lo tolero, me recuerdo también a mí, a la que era con los dientes más desparejos o incluso con los anteriores, con esos dichosos blancuzcos que no preocupaban. Pero tanto que tanto nos me pasó, y ojo que no hablo del agua porque lejos estoy siempre de los puentes y lo que es peor, de los arroyos.
Siempre hablamos de otra cosa así como también siempre necesitamos más agua.


Por eso la ilusión de un futuro natural me hace llorar. Lo veo tan difícil como la comprensión de mi hartazgo y también la de los grandes temas, de mis enormes ausencias, de mis tantos y repetidos duelos que no cesan. Y me visto de negro pensando en que ha de ser en parte por eso. Y veo una música y escucho un teatro y tiemblo soñando con que algún día me sintetizaré por fin en un libro que generará otro y otros y otros. Eso si lo sé, esa sí es una certeza que encima puedo disfrutar. Y cuando mi hija no me copie más, y cuando se enoje conmigo y sienta la vergüenza de los hijos crecidos e inteligentes, lloraré más que hoy, más que ahora, eso también lo sé pero no lo disfruto.


Un marido que trabaja y una mujer que a veces soy yo reclamando y exigiendo. Ingratamente cansada del espacio imposible, de los muebles antiguos y de siempre. Se han ordenado así los papeles mientras la pollera floreada ayuda a que me miren y me halaguen por la calle sin saber que antes era más linda pero menos tantas otras cosas.
La flameante primavera con el verano prometedor . Preparar la mochila, leer el cuaderno de comunicados, encontrar el equilibrio de los límites. La hora maldita de bajar las persianas; el desenlace del día. La noche de a tres. Me pongo crema, mando besos, y en el medio escribo furtivamente, como loca, desquiciada, como la que necesito ser.


(¿Sabés que a veces no me doy cuenta y salgo a la calle con la cara pintada de témpera?)


Mencionar, mencionarme, buscar y buscarme: la contractura feroz con la que mi cuerpo me avisa la catástrofe del cansancio. Pará, es tan fácil la recomendación. Fin de año. Pará un poco, descansá. ¡Ay, si pudiera!. Las noches se apilan sin sexo como los bloques de madera, las torres, los castillos y esas muñecas que han vuelto a nacer en su segunda vida, con historia mejor, con dueña preciosa.


“Saco una manito la hago bailar, la cierro la abro y la vuelvo a guardar”


Y ella... Ella que acomoda las sillitas rosadas y finge que tiene más gente a su alrededor (¿o acaso la tiene?). Ella que se tira agua encima del cuerpo de piel más que suave y me invita una y otra vez a ser su amiguita.


“Ahora si, a ver qué lindo, ¡muy bien!, ahora no, estoy ocupada, estoy cocinando, dejame escribir, no te vayas, decile a la señora cómo te llamás, quedate conmigo, te amo, cuidame, no, no me cuides, yo te tengo que cuidar, a los amigos no se les pega, hay que com-par-tir, te cuido, estás paspada, estás pintada, estás sucia, qué linda sos despeinada, poco pelo, los ojos más halagados de Dios, risa falsa, tus grititos cada vez más fuertes y agudos, nunca fui tan feliz, tu caca no me da asco, nunca amé tanto a alguien, y en tu detrás y en cada rincón quedate tranquila que estoy yo, tu madre más judía que nunca”.


Yo


Convertida más en madre que en mí misma, pá qué te voy a mentir, y encima el miedo de perder en cada latido, con el humo que me roza de costado, que me tienta, con la comida, el pueblo, las compras, (porque acá la carne es mejor y allá el tomate es más rojo), la sopa de verduras natural, la falta de calditos, esa voz que dice “señora hay que comprar líquido para los muebles de madera” que me deja imaginar una morena que me limpia la casa y hace disparar los corazones de los policías y obreros de mi barrio. El teléfono, el jardín de infantes, el jardinero, el sodero, la depiladora, el diarero, el pediatra, los chiches, la familia política, la batalla del movimiento, los hermanos elegidos, las comidas, los eventos, los globos, los vestidos blancos, las cien películas no vistas, todo lo que ya no se fuma, las tres horas de pre-jardín. Y en el medio la tele que incluso apagada muestra a un tipo macabro que se sigue metiendo alfajores en la boca para burlarse de la gente. “En casa no se ve esa mierda”, dice la voz cerrada del nuevo jefe de hogar. No, en casa nada de mierda, por eso el baño clausurado.

Las amigas que recomiendan salir de casa. Las solteras que no entienden. Las casadas con las que las quejas se convierten en canciones y llantos. Nosotras, ellas, las nuevas y las viejas tan pero tan joviales y salidoras. Consejos al por mayor, pasen y vean, es todo carísimo. Alumnos y profesores, una psicóloga, enseñar y ser bien enseñada y mal aprendida. Mis novelas inéditas, las que todavía no sé que voy a escribir. Las demandas de la abuela generosa. El futuro de heredera. Él en su silencio. Menor cantidad de deseo. Me arreglo para su llegada. Me pinto los ojos a la noche. Me pongo perfume. Pido que me saquen a pasear y me compren chocolates. Las obligaciones sociales, el no parar, el uno dos y tres. Y ahora respiren profundo y vayan abriendo los ojos porque la clase terminó.


Y sí viste, ser mamá te cambia la vida, sobre todo las prioridades y la sensibilidad. ¿Yo?, ya tres días de la madre, gracias, y también navidades felices siempre excesivas mereciendo la nunca suficiente gratitud. Y riendo a carcajadas pienso en las preguntas que ya no podré hacerle a mi madre, las que no quiero que me conteste mi padre, los interrogantes, el dolor que mata y quema desde la garganta hasta los riñones. La felicidad que cura. Los cumpleaños infantiles, presupuesto de sonrisas y juguetes. Las enfermedades, los problemas de adultos que tenemos nosotros los niños. Pocos secretos, amor por mi hombre, dudas y muchas más ganas que concreciones. La alianza que beso a diario de aquel casamiento que pasó hace mil años, un viernes. La gente que pregunta “¿y el segundo para cuando?”, y vos que querés pensar que te hablan de un televisor.


Mi hoy feliz, mi soledad, mi maternidad, mi matrimonio, mi no casa, la velas nuevas que no me compro, el sueño de un verdadero cuarto de la nena recién pintado y yo que desde ahora te doy mi palabra: nunca más voy a ir al velorio con un muerto a la vista tan amarillo. No deseo encontrarme más con mi entonces y mi alerta y una banda de tíos y primos con sus caras deformadas por el tiempo y el alcohol. La inmensa hipocresía que quizás no lo es tanto porque al fin y al cabo, pienso, cada uno hace lo que puede con su vida.


Pero por suerte casi siempre hay alguien que tiene mi mejor cara y que se apiada de mí alguna noche y me entrega mi nombre escrito con linda letra sobre un cuaderno rayado. Yo lo leo una y otra vez conmovida por el milagro: es el mismo mi nombre, mi puente, mi arroyo, mi línea, mi familia, SOY YO. Una denominación femenina, tácita, circular, dibujada en perfecto español con trazo abierto, compuesto y tan lagrimal como pueda ser posible. Y el alguien poniendo voz de abuelo o de madre que me pregunta: “Macarenita querida, ¿cómo estás?”, sin esperar, por suerte divina, ninguna respuesta.



Macarena
30 de Noviembre de 2007

Wednesday, November 07, 2007

Yo no sé si es la vida misma
o qué
lo que me da placer.

Ese placer inmediato
e instantáneo
“Placer puro placer”.

Y a la vuelta,
más placer...

Ojo que otras veces no es así y tengo que andar cubriéndome la cabeza
escapando de tantos cosos feos que me erizan y me duelen.

Pero hoy no. Hoy placer.

Placer de la mañana y el lápiz y el mate que me tiñe los dientes de verde para convertirme en monstruo. Y el orden hogareño. Y las dudas de siempre (también verdes).

Wednesday, October 03, 2007

VIOLETISMOS



El primero: La chiquita me roba un portacosméticos y extrae del mismo un protector diario, un Carefree para ser más exactos. Lo abre, le quita la banda autoadhesiva, viene a mí sujetando el elemento con actitud de entrega, y me dice: "Tomá, mamita, conchi".

El segundo: Estamos viendo "Babe, el chanchito valiente" y en una parte el matrimonio de granjeros discute con un tono de voz algo elevado. Mirando concentradísima niega con la cabeza y dice: "Mamita mejor, papito mejor".

El tercero: Diego y yo salimos solos el sábado a la noche y la pequeña quedó en casa al cuidado de la tía "Limón", tal cómo la nombra. A la mañana escucho su vocecita y voy a su encuentro. -Hola, Viole, vino mamita-, y ella, enojada por nuestra terrible actitud de haber osado divertirnos sin su presencia, señalando a Limón me dice: "No. Mamita ésta".

Besos al mundo lector y uno muy especial a Don Sergio Ariel Beker con quien quisiera establecer una comunicación más directa ni bien sea posible.

Besos, la madre de Violeta...

Sunday, September 16, 2007


Había una vez una chica muy muy joven que tenía un blog y que un día lo abandonó prometiéndole que volvería. Hasta ahora eso no pasó y el blog se siente solo, abandonado y sin ganas de hacer nada. Quien pueda aportar datos del paradero de esa chica muy muy joven pasará a poseer nuestro profundo agradecimiento por siempre.

Nos.

Thursday, August 02, 2007

“Violetismos”

Querido público LECTOR:

Como leerán, me he propuesto agregar al blog algunos cuentos, además de seguir con los relatos del día a día a los que los tengo acostumbrados. También me gusta la idea de agregar una serie de episodios verbales que tienen como protagonista a mi hija. Los llamaré “Violetismos” y aquí va la primera entrega...

Una del lunes: la estoy bañando y agarra el frasco de shampoo al grito de "¡¡¡Pumpa mamita, pumpa!!!", le digo que no un par de veces mientras ella intenta abrirlo sin éxito. Cuando advierte que mi negativa es sostenida me dice "Dale mamita, ¡oseas mala!". - Me mató -.

Otra: me pongo un pantalón nuevo que no había usado antes porque me quedaba grande, en la parte de la cintura tiene unas tachitas brillantes, muy parecido al tipo de los que usa Carmen, la chica que nos ayuda con la casa y la niña. Violeta se me acerca e inspecciona el pantalón con cara de "esto es nuevo, yo no lo vi antes" y me dice: "Ete e Marmen, Mamita". En fin... Si eso no es poder de observación en combinación con una aguda asociación de conceptos, no sé qué es... Tengamos en cuenta el dato: un año y nueve meses...

Babosos saludos de madre argentina para todos!

Maquis

Wednesday, August 01, 2007

Las hijas

Se acababa de ir la mayor cuando llegó la más chica; mi preferida. Apareció con la piel mojada y los ojos hundidos, cansados. Abrió la puerta, se acercó a mi silla para besarme y sentí su olor a pesar de que estaba muy transpirada. Cuarenta grados de calor, Buenos Aires sin aire y sin sueños en el verano vacío de mi vejez, susurré poéticamente para mí. Hay mañas que no se pierden nunca. Ella se prendió un cigarro que la mareó y lo apagó enseguida. Tantos días hacía que no la veía, que no me visitaba, los sentía años. Claro, de los viejos nadie se acuerda, eso es así... Qué dolor. Mañana sería otra cosa, ella estaría bañada y yo también. Quizás hasta nos sonriamos la una a la otra... ¿quién sabe algo del mañana?. Ella puso el agua para unos mates mientras intentaba fumar otra vez. Sé que va a morirse de eso, no sé cómo lo sé, pero lo sé. Es que ella nunca me hace caso, es como si yo ya no tuviera autoridad para decirle o aconsejarle nada. Cuando le dije los nombres de quienes la habían llamado tampoco dijo nada, es más, hasta frunció los ojos demostrando incomprensión. Tomamos mate en silencio. Sabía perfectamente que odiaba mi solero, por eso me lo miraba con ese desprecio tan parecido al de su padre cuando discutíamos. Yo detestaba sus modales y debía convivir con ellos, así que las dos sufríamos por lo mismo aunque ella no quisiera reconocerlo. Nunca me dio la razón, ni siquiera cuando su cáncer se hizo notar primero en la tos y después en todos lados. Cenaríamos lechuga, tomate, los dos huevos que habían quedado del almuerzo y quizás, un poco de sandía a modo de postre. Postres eran los de antes, los que solía hacer yo para mi marido y mis hijas...
Ya era tarde: ocho y media. Vimos el programa de Susana y ella respondió correctamente todas las respuestas del “Imbatible”; siempre fue una chica inteligentísima, en eso también salió al padre.

De vez en cuando, antes, nos reíamos, no pasaba muy seguido y tampoco era divertido, pero nos hacía sentir que estábamos ganándole unos minutos al rencor y mirá vos... ese, al final, se convirtió en nuestro dueño. Yo no sé qué fue lo que hice tan mal como madre, lo que sí sé es todo lo que no volvería a hacer: llevarlas y traerlas al colegio hasta el quinto año, prohibirles salir cuando el egoísmo se apoderaba de mí, gritarles tantas veces que por su culpa el padre se había ido de casa... Sé que ninguna de las dos me ha perdonado, no sé cómo, pero lo sé.
Ellas ya no son mis nenas ni yo su querida mamita.
A veces le pregunto a ésta, a la menor, cosas de su trabajo, pero me responde disparates: dice que le gusta estar conmigo y que no tengo que preocuparme porque ella no va a irse, no va a dejarme nunca. ¿Por qué dice eso?, ¿acaso no es imposible que los hijos dejen a los padres?. Después de todo uno les ha dado la vida y la educación. Nadie es perfecto. A veces también le pido perdón y acaricio su cabeza mientras duerme como cuando era chiquita. Con la mayor hablo menos, es cierto, pero es que ella me manda a dormir la siesta ni bien entra a la casa.
Tengo las uñas de los dedos gordos de los pies muy encarnadas y quiero pedirle que ésta noche, después de comer, me las arregle un poco. Lo necesito porque ya no puedo caminar más con los dedos así; me duelen tanto... Ella sigue fumando y su padre sigue sin dar señales de vida. Quién sabe, tal vez ya murió y soy viuda. Ahora que lo pienso creo que sí, que soy viuda... Entonces tengo miedo por ella, por mi nena, incluso más miedo que por mí. Ahora come un durazno con piel y siento el mismo asco que ella por mi solero. ¿Qué culpa tengo yo de no tener algo más lindo que ponerme de entre-casa?. Ella en cambio viste bien, en el trabajo le exigen y ella cumple con eso, es coqueta a su estilo, con su uniforme-delantal, en eso me hace acordar a mi mamá siempre pituca. ¿Por qué se reirá ahora?. Ella cree que no la veo pero el espejo del baño me la muestra casi enterita. Ha de estar acordándose de algo. ¡Cómo me gustaría saber de qué!. Se rasca la mejilla y se saca algo del ojo. Qué bella es mi hija, lo raro es que sea tan morena siendo que nosotros somos más bien rubiones. Ahora se agacha, levanta la vista y me ve. Bajo la cabeza y siento vergüenza. Creo que va a pegarme y entonces el miedo me mata la vergüenza. Me va a matar por andar espiándola. Perdoname, hija, le pido con los ojos, pero ya es tarde, ya la hice enloquecer. “Vos me volvés loca” me decía siempre la más chica, en cambio la otra, la mayor, me gritaba “Vos me hacés mal, mamá” aun más fuerte. Sé que va a pegarme, no sé cómo, pero lo sé, estoy segura. Se acerca la loca; me va a matar.

- Vamos a dormir señora Elsa que ya es muy tarde para usté.
- Pero si todavía no comimos, Celia querida...
- Soy Clara, señora, y acabamos de cenar.

Me arrastra hasta la cama como si tuviera ruedas en vez de pies. Qué sádica es; no parece hija mía.

Friday, July 20, 2007


Me pica el ojo izquierdo; ¿será el maquillaje mal quitado o simplemente una reacción natural que se manifiesta porque sí y que después se va a ir del mismo modo en el que vino?. Qué sé yo... Hoy es el día del amigo y quiero decir algunas cosas sobre mis amigos y por qué no, también, sobre sus ojos izquierdos que espero no les piquen como a mí. Me enteré de la muerte de Fontanarrosa, un ser tan admirado y querido por mí, una de esas personas lejanas que parecen cercanas, alguien a quien no conocí pero que igual me parece que sí, que lo conocí, y hasta me parece que alguna vez hablamos sobre la amistad, en ese bar donde él se juntaba con sus amigotes; lo que no recuerdo es si me tuve que disfrazar de hombre o no cuando fui... ¿De dónde nace esa sensación?, por un lado es evidente que se desprende de su obra, de lo que dejó, de lo que vengo admirando desde que soy chiquita, pero debe haber algo más. Hoy, cuando me enteré de su partida, tuve una sensación parecida a la que recuerdo me provocó la muerte de Olmedo. Los dos con el mismo apodo de “Negro”, un apodo que puede ser tan cariñoso... Uno te dice: “no sé, preguntale al Negro”, y entonces vos vas a mirar a tu alrededor y vas a ir preguntarle al indicado sin miedo a equivocarte. Porque quienes son llamados “Negros” suelen ser inconfundibles pero va más allá de las obviedades con respecto al tono de la piel. Hablo de que hay algo en ellos que es amigable, algo que en sus ojos se ve mucho más claramente que en el resto de sus partes visibles. Yo tengo una negra cerca, una muy linda, muy buena, bastante-bastante trastornada, que hace unos dibujos del carajo y que se viste de una forma tan moderna que no podrías creer. También es medio hippie en su estilo, y a la hora en la que todos nos tomamos un vino, ella por ahí se pide un té y te deja pensando en cosas raras, en cosas que se parecen a ella aunque después, en el fragor del pensamiento, te das cuenta que no hay nada del mundo real que se parezca demasiado a ella. Tal vez unas medias de pelo de llama pero ni siquiera. Aparte de ésta tengo otras amigas de las que me gustaría hablar. Una es linda y madrina nada menos que de mi hija. A esa la quiero tanto que a veces me da miedo, te juro. Es uno de esos amores tan grandes que te hacen sentir vulnerable, a veces pasional, no sé, es una suerte de hermandad mucho más fuerte que muchas de las que se establecen sin lugar a elecciones a partir de la sangre. Con ésta amiga desde hace unos años estamos cada día más unidas. Nos preocupamos exageradamente la una por la otra y nos hacemos pocas recriminaciones pero que siempre son contundentes. Algo parecido me pasa también con un varón, y ya que estamos digo que para mí esa eterna discusión sobre la amistad entre el hombre y la mujer es un absurdo cuento sin fin. Yo tengo un gran amigo varón, y cuando digo gran no me refiero – evidentemente – a su tamaño físico sino a la amistad que nos une. Si tuviera que manifestar la mejor de las cualidades en términos de amistad, sin dudar mencionaría esas charlas que mantenemos a la luz del sol en el jardín de casa, o que manteníamos echados sobre los sillones de mi añorado departamento céntrico allá lejos y hace tiempo. Dichas conversaciones pueden tratarse de cualquier tema que involucre sentimientos tanto lindos como feos, por enunciar al menos dos características básicas, pero lo que siempre tienen como significativo es que son intensas y en muchos casos, también, reveladoras. Por alguna mística razón con éste amigo describimos cosas personales a través del otro. Nos pasa a veces en simultáneo y a veces a cada uno en forma personal, pero lo más sorprendente, además del suceso en sí, es la frecuencia: nos pasa mucho, y muy seguido, y está buenísimo. Confío en él como en pocas personas. Dejo a su cuidado tanto mi casa como mi hija con los ojos abiertos pero sólo por darme el gusto de verlo ser dentro de mis afectos y mis lugares. Y pensando en amigos, y en Fontarrosa, y en el dolor de la muerte, del fin, de lo que se termina, lloro emocionada tomando cuenta de que tengo muchos y que éste texto es y será muy largo... Qué bueno, qué lindo. Podría ser un texto largo-largo como la discusión sobre la amistad entre el hombre y la mujer o más aún, como la del huevo y la gallina... Eso sí: que nadie me pida calidad literaria, eh... Hoy viene así, a lo loco... Por eso ahora voy a hablar de mis rubias... Ay ay ay esas tres rubias que me matan de amor... A una la conozco antes de que se convirtiera en rubia y en madre. Tiene unas tetas enormes que ahora dice que se achicarán un poco, pero que seguirán siendo enormes pase lo que pase. Con ésta rubia pueden pasar meses sin que nos veamos pero también sin que se genere ninguna fricción entre nosotras. Hemos transformado la añoranza en una característica más de nuestro vínculo a veces incomprensible tanto para los de afuera como para nosotras mismas. Pero nada nos importa, sólo nosotras sabemos eso que sólo nosotras sabemos, y si hay una cosa en la que coincidimos, es en que no nos interesa explicárselo a nadie. Ayer me llamó y me comunicó un suceso trascendental de la vida de su hija que me conmovió mucho, muchísimo, el cual me dejó pensando todo el día en que crecimos y crecemos juntas, a veces más, a veces menos, menos crecimiento o menos juntas, o al revés, pero estamos y nos sostenemos todo lo que nos podemos sostener. Después hay otra muy flaca que me pone la firma donde yo le pida, ¿podés creer?. Hace un tiempo le pedí que me firmara un acta como testigo del amor que tengo con mi amor, y ella fue y me lo firmó, porque ella me conoce tanto pero tanto que sabe bien cuando estoy enamorada y cuando no, cuando la necesito mucho y cuando no puedo ver a nadie, porque ella estuvo conmigo en casi todos los momentos cruciales, buenos, malos, lindos, feos, intensos, superficiales. Hace algunos años nos juntábamos a fumar plácidamente en uno de los Mc. Donalds de Belgrano y hoy, hacemos malabares sobre la cuerda floja de nuestra vida adulta para por lo menos encontrar un hueco temporal que nos permita hablar de ropa, hombres, libros, recuerdos, besos, intimidades, madres, amigas, vicios, problemas, soluciones, comidas, chanchadas, y sobre todo, sobre el amor. Tengo también otra rubia que a veces vive en Buenos Aires y que a veces no. Que a veces está enamorada y que a veces está enamorada pero no lo quiere decir. Que a veces es fría y que a veces se deja derretir y me muestra su lado más calentito que está buenísimo, lleno de almohadas y corpiños...

(Un pensamiento/duda al paso: creo que si yo fuera hombre me gustarían más las morochas que las rubias, pero como soy mujer, nunca lo voy a poder saber a ciencia cierta...)

Con todos ellos tengo una sólida historia de amistad, y con algunos otros tantos también... Una amiga nueva que me deja recomendarle libros y algunas técnicas de escritura, un grupo de primas sorprendente y fértil que me rodea en el nuevo mundo infantil dentro del que también transito a diario, otra amiguita que ahora se fue a Brasil con un novio de perfil contrario a todos sus contrariados novios anteriores, otra amiga de rulitos que trabaja donde alguna vez yo trabajé y me reclama que sea más ordenada y prolija con los horarios y los acuerdos, que sea más como es ella, y yo que no puedo, y ella que se ofende, y yo que vuelvo a llamarla y a darle las gracias, y ella que me vuelve a perdonar poniéndome en el casillero de su amiga más colgada o alguno de esa índole.

Allá lejos y hace tiempo, en una clase de catequesis, la profesora nos propuso detallar las cualidades de quien fuera nuestro mejor amigo para concluir, por supuesto, con la moraleja de que Jesús era en realidad nuestro mejor amigo porque reunía todas y cada una de esas cualidades, y más también. Y más, y más... Menciono éste ejercicio porque creo que sin querer queriendo lo acabo de repetir pero ésta vez dejando la religión de lado. Mis amigos son muy diferentes entre sí pero tienen en común muchas de las cualidades que se supone “debe” tener un amigo. Son buenos, confiables, cariñosos, desinteresados, nobles, generosos, divertidos y únicos. Son uno de mis cables a tierra más

Pará.

No puedo decir más nada.

Me acaba de llegar un mail con un dibujo que es indispensable que ponga junto a éste texto. El ojo ya no me pica, pero me pica el alma. Ésta alma tan llena de buenos amigos. Los quiero, los quiero mucho, mucho, mucho. Para mí son indispensables como lo es el dibujante para sus dibujos. Gracias por todo lo que ustedes y yo sabemos. Disfrutemos de la vida juntos y seamos lo más felices que podamos ser. Seamos agradecidos y vitales. Cuidémonos. Gracias de nuevo, y cuando puedan juntémonos para rascarnos mutuamente las almas que gracias a Dios nos duelen y nos alegran alternadamente todos los días, todo el tiempo, a cada paso.

Mucho amor Macarénico...

Wednesday, July 11, 2007

9 de Julio de 2007



9 de julio de 2007


Almorzaba en pijama unos bifes riquísimos con una ensalada de palta y tomate, y otra del tipo “criolla” (todo delicioso, sobre todo la compañía compuesta por mi amor y mi amorcito, Diego y Violeta respectivamente), cuando empezó a caer la “lluvia-nieve”. Enseguida me sentí ansiosa, expectante, contenta... Terminamos de comer – ésta vez un Mantecol – y minutos antes de irnos a hacer la siesta Diego me preguntó retóricamente si estaba esperando algo. Le contesté que sí advirtiendo que en sus ojos pasaba lo mismo que en los míos: sin hablar nos comunicábamos una espera, extraña, desconocida, nueva... De todos modos nos fuimos a acostar, pusimos una peli – de dibus, claro – y una vez más, gracias a Dios, fuimos testigos del sublime acto de ingreso de Violeta al sueño. Diego se quedó dormido y yo me quedé quieta, acostada, calentita, esperando y esperando... En eso, unas voces que subían desde la vereda, vecinos bulliciosos diciendo cosas que no llegaban a convertirse en palabras para mí. Relojeo la parte inferior derecha de la pantalla del televisor y leo que hay una sensación térmica de dos grados bajo cero y pienso que entonces “algo” sí o sí está pasando afuera, “algo” que provoca que la gente esté allí, en el frío, y encima diciendo cosas... Me levanto con apuro, me asomo a la ventana del balcón y veo - ¡con mis propios mismos ojos! – unos suaves copitos de nieve que sobrevuelan mi casa. Despierto a Diego y juntos nos disponemos a observar el milagro.

Nueve de julio, feriado.
En casa con mi familia.
Víspera de mi cumpleaños número treinta.
Nieve en Buenos Aires.

Disfruto de la imagen sintiendo el milagro por dentro y por fuera. La naturaleza una vez más me cuenta que es inesperada, fantástica, poderosa, grande, a veces fría, a veces blanca, incluso en mi barrio. Y nosotros, seres terrenales que siempre sacamos fotos, no teníamos pilas para la cámara. Y nosotros, seres descreídos que siempre filmamos todo, no teníamos cassette disponible. Entonces pensé que quizás la enseñanza era más grande de lo que podía entender en ese momento; que quizás, cuando los milagros se suceden, todo se convierte en señales, hasta el detalle más pequeño. Habrá que sacar las fotos con la mente, habrá que inmortalizar éste momento fijando las sensaciones en ese rincón que uno sólo sabe dónde está cuando lo necesita, pensé. Decidimos invitar al amor a participar de la fiesta y luego nos bañamos y nos pusimos ropa calentita. Guardé el pijama (por un ratito) y lloré, ¿qué otra cosa podía hacer?. Enamorada, feliz, milagrosa, linda, única, así me sentía...

Al caer la noche, el cielo y sus festejos invernales se hicieron más intensos. Ya despierta Violeta la asomamos a la ventana para que al menos sintiera nuestra emoción, la emoción de lo atípico, de lo insólito, de lo naturalmente hermoso. “Nieva, mamita”, me dijo dándome a entender, una vez más, que ella todo lo entiende, sobre todo lo sensitivo, lo mágico, lo que no requiere de explicaciones ni técnicas ni lógicas. Diego llamó a su familia y yo – algo envidiosa – le mandé un moderno mensaje de texto a mi hermano mayor; hubiera querido compartirlo también con el menor pero todavía no nos resulta posible comunicarnos desde una simpleza tan simple. Igualmente yo sabía – y sé – que los tres estábamos recordando los inviernos de nieve en Bariloche, las guerras de bolas y los muñecos redondos y feos que podíamos armar a la edad de uno, dos, tres, cuatro años... Y si bien la vida luego me dio la chance de ver más nieve, la compañía y mi locura de aquellos tiempos no me permitieron disfrutarla. Entonces tomé conciencia de que era la primera vez que, como adulta, podía disfrutar de la nieve plenamente, como cuando era una nenita que jugaba con sus hermanos en alguna vacación familiar y feliz.

El feriado permitió que la mayoría de la gente pudiera disfrutar de “El fenómeno climático”. Por fin un regalo de la naturaleza, por fin un hecho apolítico que nos llovió encima a los argentinos, por fin una sorpresa de la vida, por fin el país – vestido de blanco como las radiantes novias – se contentaba y lloraba a la vista de sus habitantes sin sentir vergüenza de que lo estuvieran mirando.

Después, cuando la euforia fue amainando, me puse a pensar en la gente que duerme en la calle y también en el planeta y sus problemas porque, lamentablemente, el romanticismo me dura menos que antes – es un hecho – pero por lo menos aún me aparece naturalmente en algunos momentos naturales de éste, mi humilde aunque intensísimo transcurso por la tierra.

Y gracias a que la nieve me pegó en la cara y a que vi mi jardín de toda la vida cubierto de blanco, pude sentir esas cosas que creo que ninguna palabra les puede hacer honor, y recordé eso de que “No pasa un día en el que no estemos al menos un instante en el paraíso”*, y volví a llorar, y a ponerme el pijama, y a meterme en la cama, sintiéndome absolutamente distinta a todos los días, pero muy (muy) feliz de seguir yo.


* J. L. Borges

Thursday, June 21, 2007



Es que estoy escribiendo una novela...

Wednesday, May 09, 2007

Teoría sobre una duda



Te regalo una duda aunque en el fondo te deseo que a vos se te convierta en otra cosa, quién sabe, uno nunca sabe... No sé si puedas llegar a moldear una certeza pero por lo menos podés – o podrías – transformarla en otra cosa; todos los cambios tienen algo de bueno.

Mirá si se hace casa, o se convierte en pecado, o en añoranza, o en día, o en un impreciso destello de luz que sale de algún lado... Qué sé yo, uno no puede saber en qué van a devenir sus dudas y menos si las regala pero entonces la pregunta sería ¿qué se hace con las dudas si uno decide quedárselas?. Mucho no se puede hacer, ni mucho ni bueno, ni tanto ni todo eso que no vamos a enumerar porque perderíamos el foco de atención que tiene que alumbrar a La Duda.

Yo por lo pronto te regalo ésta, la que acabo de elegir. Es extremadamente carente de onda y glamour; y me gustaría decirte que posee características híbridas y que no tiene a su alrededor ninguna respuesta que le ande pisando los pies, pero no puedo decirte todo eso. Lo que sí te digo es que tiene es una boca grande y unos dientes imperfectos que se mueven y suenan con cierto estilo quizás mecánico y quizás no. A veces es amante de los escondites como así también de los fideos con salsa muy roja o de las siestas que son una de las bases de felicidad de los hombres casados, muy a pesar de que ella es sola-sola.

Es que culturalmente no es sino una simple duda que tiene un principio pero que no tiene un final, porque si encontrara uno arribando así a ese puerto metafórico de explicaciones concisas, firmes y lineales que le dieran un marco y una onda y un estilo y una respuesta y un sinfín de cualidades, básicamente, “La Gran Duda” moriría. Y vamos a decir La Verdad: una duda muerta es un pésimo regalo.

Monday, April 16, 2007


Yo recuerdo una infancia,
algún primo
una mamá
dos hermanos.

No tengo tanta ni tan buena imaginación.
Tienen que haber sido ciertos,
la tele,
los almuerzos,
la salsa blanca,
la camisita de broderí blanca
hoy amarilla,
perdida, regalada.

No creo posible que ésta sea la única verdad
presa de la realidad
y del olvido
y de mí.

¡Presos!

No recuerdo tanto vacío.
Hoy todo se llena de esas risas,
y esos ojos,
y ellos dos.

Son hermosos hermosos hermosos

Pero antes hubo un antes
antes de mí
antes de otros. Antes de ellos dos.

Un atrás, un pasado,
días de encuentros.
Otro y el mismo jardín,
un nosotros hoy impensado hasta las lágrimas.

El mismo escenario la juega de amigo y de enemigo.
Ayuda, contiene, es testigo,
y late.

Pum pum pum.
Late.
Palpitaciones nuevas.

El abuelo que también se fue
y esa señora que se empecina en ayudarme.

Me niego a los largos diálogos que fomento y cultivo,
contengo y busco,
y en el medio de mí el hueco
imposible y profundo,
¿sabio?
¿ya eterno?
¿desmedido?.

Las dudas son parte,
ladrillos azules
y dieciocho escalones que pisé millones y millones de veces
para subir, bajar, correr, huir, y volver a entrar.

Arriba sólo un baño en pie.
Cinco dormitorios convertidos en cinco novedades.
Ocupar y vaciar al mismo tiempo.
Ser dueña y no serlo.
Dudar y ser feliz.

Darle a los míos lo que tengo:
una casa,
mi alma,
dinero,
cuidado,
integridad,
trabajo,
búsquedas,
tortas.

Y ésta noche de sábado la necesidad de silencio
convive y pelea con las ganas de decir.
¿Decir te quiero?
¿Decir los extraño?
¿Decir cuánto amo a los que amo?

Todo es mucho y no es todo. Nunca.
Por eso debo callar y lavarme los dientes,
acostarme sobre la gran cama de esposos
y cerrar los ojos ya menos halagados.

El humo se me acerca en nombre de la amistad
y el deseo de recibir flores y bendiciones
me atrapa más que nada los domingos.

Ya es domingo.

¿Qué más, qué menos, y cuánto soy yo?

Monday, April 09, 2007

Je veux que tout devienne petit
mon corps,
ma maturité,
mes douleurs,
l'idiote culpabilité,
le mal.

Je veux que tout se réduiseet
devienne quelque chose de manoeuvrable,
dan qelque chose que je puisse tenir dans une seule main
et rire.

Je veux quelque chose qui me fasse rire
c'est ça que je veux
- toi je veux -

Je veux que le soleil sorte la nuit
qu'il rende fou le temps
et alors le temps parte nous laissant la liberté tant attendue.

Je veux monter à une montagne sans effort
et une fois au somet je veux penser à toi
à mon amour
à notre amour
à l'amour tout petit qui est et qui sera la seule grandeur
la seule chose qui vaudra le coup quand le temps ait pasé.

Je veux que les gens s'endorment
tous sauf nous trois,
bien endormis.

Je veux arriver loin
plus loin qu'hier
plus loin que jamais.

Je veux que la culpabilité et le douleur ne me ratrappent plus
et que juste après t'avoir fait l'amour
le sommeil nous retrouve unis
et que nous nous réveillons quand la lune se glisse dans notre lit
et nous pince le dos pour nous faire rire
encore.

Rires partagés...

Je veux qu'un jour tout soit fantastique et bon,
je désire que mes désirs,
touts petits eux,
retrouven en fin toute la vie qu'on les doit
et que aprèsle temps, une fois de plus,
soit à nouveau notre ami.

Réconcilions nous
toujours.
Faissons l'amour
toujours.
Faissons de petites choses
ensemble
toujours.