http://es.wix.com/website-template/view/html/689?originUrl=http%3A%2F%2Fes.wix.com%2Fwebsite%2Ftemplates%2Fhtml%2Fall%2F6&bookName=create-master-current-241213&galleryDocIndex=3&category=all

Thursday, June 21, 2007



Es que estoy escribiendo una novela...

Wednesday, May 09, 2007

Teoría sobre una duda



Te regalo una duda aunque en el fondo te deseo que a vos se te convierta en otra cosa, quién sabe, uno nunca sabe... No sé si puedas llegar a moldear una certeza pero por lo menos podés – o podrías – transformarla en otra cosa; todos los cambios tienen algo de bueno.

Mirá si se hace casa, o se convierte en pecado, o en añoranza, o en día, o en un impreciso destello de luz que sale de algún lado... Qué sé yo, uno no puede saber en qué van a devenir sus dudas y menos si las regala pero entonces la pregunta sería ¿qué se hace con las dudas si uno decide quedárselas?. Mucho no se puede hacer, ni mucho ni bueno, ni tanto ni todo eso que no vamos a enumerar porque perderíamos el foco de atención que tiene que alumbrar a La Duda.

Yo por lo pronto te regalo ésta, la que acabo de elegir. Es extremadamente carente de onda y glamour; y me gustaría decirte que posee características híbridas y que no tiene a su alrededor ninguna respuesta que le ande pisando los pies, pero no puedo decirte todo eso. Lo que sí te digo es que tiene es una boca grande y unos dientes imperfectos que se mueven y suenan con cierto estilo quizás mecánico y quizás no. A veces es amante de los escondites como así también de los fideos con salsa muy roja o de las siestas que son una de las bases de felicidad de los hombres casados, muy a pesar de que ella es sola-sola.

Es que culturalmente no es sino una simple duda que tiene un principio pero que no tiene un final, porque si encontrara uno arribando así a ese puerto metafórico de explicaciones concisas, firmes y lineales que le dieran un marco y una onda y un estilo y una respuesta y un sinfín de cualidades, básicamente, “La Gran Duda” moriría. Y vamos a decir La Verdad: una duda muerta es un pésimo regalo.

Monday, April 16, 2007


Yo recuerdo una infancia,
algún primo
una mamá
dos hermanos.

No tengo tanta ni tan buena imaginación.
Tienen que haber sido ciertos,
la tele,
los almuerzos,
la salsa blanca,
la camisita de broderí blanca
hoy amarilla,
perdida, regalada.

No creo posible que ésta sea la única verdad
presa de la realidad
y del olvido
y de mí.

¡Presos!

No recuerdo tanto vacío.
Hoy todo se llena de esas risas,
y esos ojos,
y ellos dos.

Son hermosos hermosos hermosos

Pero antes hubo un antes
antes de mí
antes de otros. Antes de ellos dos.

Un atrás, un pasado,
días de encuentros.
Otro y el mismo jardín,
un nosotros hoy impensado hasta las lágrimas.

El mismo escenario la juega de amigo y de enemigo.
Ayuda, contiene, es testigo,
y late.

Pum pum pum.
Late.
Palpitaciones nuevas.

El abuelo que también se fue
y esa señora que se empecina en ayudarme.

Me niego a los largos diálogos que fomento y cultivo,
contengo y busco,
y en el medio de mí el hueco
imposible y profundo,
¿sabio?
¿ya eterno?
¿desmedido?.

Las dudas son parte,
ladrillos azules
y dieciocho escalones que pisé millones y millones de veces
para subir, bajar, correr, huir, y volver a entrar.

Arriba sólo un baño en pie.
Cinco dormitorios convertidos en cinco novedades.
Ocupar y vaciar al mismo tiempo.
Ser dueña y no serlo.
Dudar y ser feliz.

Darle a los míos lo que tengo:
una casa,
mi alma,
dinero,
cuidado,
integridad,
trabajo,
búsquedas,
tortas.

Y ésta noche de sábado la necesidad de silencio
convive y pelea con las ganas de decir.
¿Decir te quiero?
¿Decir los extraño?
¿Decir cuánto amo a los que amo?

Todo es mucho y no es todo. Nunca.
Por eso debo callar y lavarme los dientes,
acostarme sobre la gran cama de esposos
y cerrar los ojos ya menos halagados.

El humo se me acerca en nombre de la amistad
y el deseo de recibir flores y bendiciones
me atrapa más que nada los domingos.

Ya es domingo.

¿Qué más, qué menos, y cuánto soy yo?

Monday, April 09, 2007

Je veux que tout devienne petit
mon corps,
ma maturité,
mes douleurs,
l'idiote culpabilité,
le mal.

Je veux que tout se réduiseet
devienne quelque chose de manoeuvrable,
dan qelque chose que je puisse tenir dans une seule main
et rire.

Je veux quelque chose qui me fasse rire
c'est ça que je veux
- toi je veux -

Je veux que le soleil sorte la nuit
qu'il rende fou le temps
et alors le temps parte nous laissant la liberté tant attendue.

Je veux monter à une montagne sans effort
et une fois au somet je veux penser à toi
à mon amour
à notre amour
à l'amour tout petit qui est et qui sera la seule grandeur
la seule chose qui vaudra le coup quand le temps ait pasé.

Je veux que les gens s'endorment
tous sauf nous trois,
bien endormis.

Je veux arriver loin
plus loin qu'hier
plus loin que jamais.

Je veux que la culpabilité et le douleur ne me ratrappent plus
et que juste après t'avoir fait l'amour
le sommeil nous retrouve unis
et que nous nous réveillons quand la lune se glisse dans notre lit
et nous pince le dos pour nous faire rire
encore.

Rires partagés...

Je veux qu'un jour tout soit fantastique et bon,
je désire que mes désirs,
touts petits eux,
retrouven en fin toute la vie qu'on les doit
et que aprèsle temps, une fois de plus,
soit à nouveau notre ami.

Réconcilions nous
toujours.
Faissons l'amour
toujours.
Faissons de petites choses
ensemble
toujours.

Wednesday, April 04, 2007

4 de abril de 2007 está soleado y compré unas palmeritas en la panadería de la esquina y bueno, eso...

Hace ya un largo tiempo me hicieron mi carta astral; experiencia recomendable si las hay, y una de las cosas que más llamaron mi atención fue un comentario de la señora astróloga con respecto a mi relación con “el tiempo”; lo que dijo fue: “Qué temita que tenés con el tiempo, eh...”; y al decirlo puso una carita que me encantaría tener el talento de describir pero no lo tengo, o al menos no en este instante.

Mi abuelo Pepe una vez me dijo que siendo él muy joven se dio cuenta de que el tiempo era su principal enemigo, por lo cual decidió aliársele aunque más no fuera en el campo de la rivalidad, para al menos tener la posibilidad de, en una de esas, quizás, tal vez, ganarle alguna que otra batalla. Pensando en mi abuelo y pensando en mí, llego a la conclusión de que a veces sí le ganamos, ya que a veces sí logramos doblarlo o desdoblarlo un poquito y así sentirnos satisfechos con nuestro logro evidentemente temporal. Pero lo trágico es que, en el fondo, en el lugar más hondo que podamos tener, todos bien sabemos que hayamos o no triunfado, él, el tiempo, es quien manda sin espacio a excepciones.

Tantas veces he intentado creerme la postura de “a mí las fechas no me importan” o “es lo mismo que te pase a buscar a las cuatro de la tarde que a las ocho de la noche”. Tantas veces... pero nunca puedo terminar de creérmelo más que nada porque soy básicamente pésima en el oficio de mentirme a mí misma, a Macarena “tiempo” Moraña, quien, dicho sea de paso, hoy quiere empezar a escribir un texto que explique que no está pudiendo escribir porque el tiempo repartido cada vez entre más cuestiones, personas y fechas no le alcanza, y no puede, aún teniendo el tiempo para hacerlo.

Es que hace unas horas Diego y yo nos casamos, nos fuimos de vacaciones, tomamos conciencia de lo queridos que somos y de lo mucho que queremos nosotros a mucha gente, y al ratito nomás nos peleamos y nos reconciliamos unas cuarenta y ocho veces mientras Violeta empezaba el jardín y los tres comíamos una riquísima tarta de choclo, queso, morrón rojo y cebolla, todo hervidito y sin nada de aceite salvo por la masa de la tarta que lleva apenas media tacita pero que me queda bárbara, tipo galletita salada. Y un rato más tarde yo misma con mis mismos y propios ojos vi entrar el año 2007 a mi casa quien me dijo que es cierto lo que dice mi amiga Marianita acerca de que él nunca empieza en enero sino en marzo lo cual a su vez coincide con mi teoría que afirma que los calendarios son una mentira necesaria... En fin.

El caso es que cuando mis clases dadas y tomadas arrancaron otra vez, y las lecturas y las canciones se empezaron a sentir relegadas y entonces hábilmente comenzaron a colarse entre los minutos y los segundos menos pensados y a veces inexistentes, yo también volví. Reaparecí. Retorné. Y acá toy.

Ya no sé si mi cuerpo quiere llevarme o traerme, o si mi nombre puede representar quién soy en este hoy tan transitado de emociones y sentimientos. Lo que sí sé es que sigo teniendo ganas de hacer cosas y de usar a “el tiempo” – siempre y cuando él me lo permita, claro – a mi conveniencia. Y hoy estoy segura que lo que más me conviene es desearles a todos los que quiero una pacífica semana santa, y una buena pascua con cantidad de roscas y huevos de chocolate, y ojalá, sin conejos de ningún tipo. Digo, porque a mí ni cuando era chiquita; ni cuando trabajaba en una multinacional; ni cuando me quedaba a dormir en lo de mi abuela Emilia; ni cuando vivía en Venezuela seis setenta segundos seis pasillo al fondo de todo; ni cuando era soltera; ni cuando me robaron la alianza; ni cuando empezaba a ir a bailar; ni cuando me explotaba el corazón de hormonas; ni cuando parí, me gustaron los conejos.

Y hoy tampoco me gustan, pero bueno, allá ellos...

Maca

Monday, March 26, 2007

Una promesa

Estoy a punto de volver y ser millones.

Ojo !

Macarovska

Friday, January 26, 2007

La realidad es la ilusión de una mentira presente.


La lluvia se deposita en el suelo de la calle que pisamos a diario. Viene de lejos, como los parientes olvidados. Mis pies son los primeros invitados y desde ellos comienza un debate que invade por completo mi ser ya humedecido hasta cansar.


Alcanzo a ver la hoja en blanco de un verano cansado de acalorar, y entonces me despacho como un bulto en un aeropuerto bañándome una y otra vez, sin darle descanso al agua que quiero convertir en bendita con el poder de mi mirada azul y gris.


(Tal vez mañana entre algunos pedazos de pollo vos y yo nos volvamos a elegir mirándonos, bajo un sol que nos hará olvidar que hoy llovía y que alguna vez nos peleamos a los gritos. Es una suerte que las nuevas lluvias sean tan impredecibles como nuestro futuro amoroso).


Siempre escribo cuando llueve y nunca puedo dejar de usar las palabras “siempre” y “nunca”. Nunca jamás; siempre las uso. Y caigo en su juego como lo hacen éstas gotas que cuando era chica las monjas me hacían creer que eran las lágrimas de Dios que estaba enojado por mis malas acciones. Si esas monjas hoy volvieran a decirme lo mismo me reiría para luego poder llorar por fin sin culpa.


¿Qué les diría Dios a los niños si pudiera hablarles sobre la lluvia?. No me lo imagino dando definiciones exactas o que tengan que ver con la climatología. No. Es que en realidad ahora no puedo más que imaginarlo llorando, desgarrado, triste y débil como nunca y como siempre.


Así también lloro yo.

Wednesday, January 24, 2007

o lamur lamur laralara...

Ahora que nos vamos a casar pinta el amor como pinta la discordia, pero claro que lo primero más que lo segundo. La ecuación siempre tiene que darse así como también ambas cosas mencionadas deben existir. Y así es como este momento de la vida me lleva a compartir una poesía que le escribí a Diego que si bien es íntima y nuestra, también puede llegar a ser de lo más universal, ustedes dirán...


Quiero que todo se haga chiquito
mi cuerpo,
mi adultez,
mis dolores,
la tonta culpa,
el mal.

Quiero que todo se reduzca
y se convierta para mí en algo maniobrable,
en algo que pueda sostener con una sola mano
y me ría.
Quiero algo que me haga reír
eso quiero
- a vos te quiero –.

Quiero que el sol salga de noche
y vuelva loco al tiempo
y que entonces el tiempo se vaya dejándonos la libertad que ansiamos tener.

Quiero subir a una montaña y que no me cueste
y una vez en la cima pensar en vos
en mi amor
en nuestro amor
en el amor chiquito que es y será lo único grande
lo único que valdrá la pena cuando pase el tiempo.

Quiero que la gente se quede dormida
toda menos nosotros tres,
bien dormida.

Quiero que lleguemos lejos
más lejos que ayer
más lejos que nunca.

Quiero que la culpa y el dolor no me agarren más
y que después de hacerte el amor
nos unamos al sueño y no nos despertemos
hasta que la luna se nos meta en la cama
y nos pinche la espalda provocándonos más risas.

Risas compartidas...

Quiero que UN día todo sea fantástico y bueno,
deseo que mis deseos, pequeños ellos,
por fin cobren la vida que se les debe
y que después, una vez más el tiempo,
vuelva a ser nuestro amigo.

Hagamos las pases
siempre.
Hagamos el amor
siempre.
Hagamos cosas chiquitas
juntos,
siempre.

Wednesday, January 10, 2007

retro texto

Los versos de Juli – alias Lucía – me mueven a un par de recuerdos y tal vez algunas reflexiones...

¿Viste que odiosa es la gente que dice conocer o haber conocido a un FAMOSO, haber sido amigo cuando apenas lo vio caminar por alguna calle, o cruzó dos o tres palabras o simplemente supo por voces extrañas que vivía en su barrio?. Bueno, yo soy de esos. Yo a Juli, divina ella, la conocí en sus inicios. Salía con casi todos los RRPP de los boliches de zona norte, de mi zona, de la zona de mi grupo de amigas LAS CHI-CHÍS, con quienes salíamos a embriagarnos y hacer dedo por Avenida Libertador como los actos inconscientes más consientes que podíamos tener a la escasa edad de 16, 17, y un poco más también.
Juli o su hermana habían tenido un affaire con mi hermano mayor, lo cual me provocaba unos celos fatales. Sumado a eso una de ellas – entiéndase: eran muy parecidas y caminaban juntas, idénticamente, y con pasos tan escalofriantes como los de las mellicitas de El Resplandor pero siendo rubias, y altas, y lindas – sedujo a un muchacho que le gustaba a una amigareamigaparasiempremía. Desde ya dos motivos harto suficientes como para odiarlas y alguna vez haberlas insultado frente a El Rasta, aquel barzucho que duró lo suficiente como para bebernos todo el alcohol que nos entraba en el cuerpo y besar a todos los desconocidos o apenas conocidos que nos aportaban un punto en nuestro infalible campeonato llamado “Flash Point”. Dicho campeonato consistía en “tranzar” con la mayor cantidad de chicos posibles en la menor cantidad de tiempo posible, una atorrantería que nos divertía tanto pero tanto que trascendía su objetivo putanil para convertirse en una especie de código que únicamente a esa edad uno puede tener con sus resúperamigos. A él se le sumaba un lenguaje único e íntimo que nos permitía detallar cualquier encuentro con un espécimen del sexo opuesto delante de quien fuera – padres incluidos – con todos los detalles que requiriera el caso, ya que contábamos con frases o palabras que lo decían todo sin que se notara nada. Era maravilloso... Esos años lo eran. Hoy no se puede hacer dedo pero por suerte coincide con que las ganas de besar y toquetearse con los muchachos del barrio han disminuido notablemente, al nivel de habernos llevado a casarnos con un sólo hombre trabajador y responsable, y/o haber tenido hijos preciosos, y/o haber vivido ya una, dos o tres veces en pareja, y/o estar buscando un candidato estable para pasar los años que van de los treinta a los cincuenta por lo menos...

Me encanta recordar aquellos tiempos, lo que significaba Keibhys – nunca lo supe escribir – el boliche del barrio al que podíamos ir solas si queríamos porque siempre nos encontrábamos a alguien amigo, a alguien con quien bailar arriba o abajo de los parlantes. ¡Cómo nos gustaba mostrar los mini shorts y las letales bucaneras!, ¡cómo nos encantaba provocar a la monada!. Éramos un grupo de chicas muy lindas y lo seguimos siendo sólo que esos turros de los años bien sabemos que no pasan en vano y ahora nos hacen invertir el dinero que gastábamos en las entradas de los boliches y en las barras de los mismos, en cremas preventivas para las arrugas y/o en casos excepcionales tangas un poco más grandes de las que nos atrevíamos a usar antaño.
El peso del transcurso y la velocidad del tiempo nos pega distinto siempre, depende del humor que tengamos ese día, de las últimas vivencias, y de tantas otras cosas. Pero hoy, a pesar de la lluvia y gracias a Juli (perdón, Lucía, mi reamichi del pasado) a mí me pega re-bien.

Éste año cumpliré treinta, “un lindo número”, “una hermosa edad”, “un gran momento de la vida”, “hay que jugarle al derecho y al revés”, etc. Y me encanta cumplirlos así como me provoca sentimientos extraños, encontrados y desencontrados, lindos y melancólicos, felices y orgullosos.
A veces fantaseo con volver el tiempo atrás y vivir una noche como las que vivíamos por aquellos tiempos, pero con los sentimientos que teníamos, con la cabeza que teníamos, con la calentura y las ganas de tragarnos el mundo de un sólo bocado pero muy sabroso y lleno de gancia y/o vino malísimo. Quisiera hacerme un buche con todos esos recuerdos y excesos llamar a mi espíritu adolescente y pedirle me conceda aunque más no sean una o dos horas de pegoteo con mis amigas con quienes además de comer ñoquis y Bonobones compulsivamente, y medir nuestra capacidad para con el tekila, nos besábamos para ver “cómo tranzaba la otra” y darle consejos. Dios mío... Cuánto menos pudor y prejuicios tiene uno en la ignorancia de la juventú primera... En fin... El tema, al igual que el de los Sugus, dá para mucho y sé que volveré a la carga con él, pero ahora debo terminar para ponerme en órbita con mis responsabilidades de adulta.

Y si les parece bien termino con un parrafito de la novela que estoy escribiendo: se llama “Mis 15” y cuenta la historia de varias familias y de dos niñas que están a punto de cumplir esa maravillosa edad...

Saludos,

Maqui, una ex adolescente en crisis y a mucha honra


“Sin dudas las nuevas sensaciones físicas son las invitadas de honor. Por las mañanas, al levantarse, siente unos mareos leves que se le van ni bien desayuna, y lo mismo le pasa cuando se para de golpe o camina ligero. Regina le explicó que las hormonas son las responsables de esas y de otras tantas cuestiones, muchas de ellas relacionadas con el amor. Y Micaela sabe de lo que su mamá le habla aunque nunca le pongan las palabras exactas ni puedan hacerlo más que nada porque con la mamá hay cosas de las que no se puede o “no se debe” hablar. Como por ejemplo, de que cada vez que se besa con Matías se le moja la bombacha o se le pone la cara muy colorada, al rojo vivo; o que los pezones se le endurecen hasta dolerle; o que a veces – casi siempre – desea que las caricias vayan más lejos, más adentro, más y más. Y si no se lo dice a Regina no es por vergüenza sino por otro sentimiento que sólo se siente con las mamás, porque por sentir “esas cosas”, Micaela no siente ninguna vergüenza, y la prueba está en que algunas hasta se las contó a Matías, naturalmente, como quien cuenta una novedad sorprendente de cualquier índole. Pero Matías, claro, no pudo recibir del mismo modo el relato de Quela que lo dejó callado, pensativo, y sintiendo unas ganas tremendas de tirarse encima de ella, del cuerpo de Micaela, para abrazarlo y acariciarlo hasta provocarle más calor que el mismísimo sol. Pero como siempre se acobardó y lo único que pudo hacer fue ir en busca de dos botellitas de Coca Cola que abrió con torpeza en un movimiento rápido”.

Tuesday, January 09, 2007

No sé si ponerme contenta porque sin querer inauguré un debate tempo-generacional, o si largarme a llorar largamente porque mi felicidad y/o infelicidad son para quienes me rodean mucho menos importantes que los caramelos sugus de cualquier sabor.

Tampoco sé si quiero mucho o aborrezco en demasía a quienes me rodean por meterse así, arbitrariamente en MI BLOGGGGG para decir "cosas" de cualquier índole. Del sugus de menta a la malicia de los mendocinos hay por lo menos medio caramelo de distancia, o debería haberlo pero bué... La gente sasí, ¿vistessss?. Creo que me gusta esto igual...

De todos modos el privilegio de la duda es siempre un privilegio, como el de pertenecer y si bien no tengo American Express sí tengo un maridito precioso que hoy cumple sus primeros y flamantes 40 años. Eso me gusta, digo, el número (él también pero eso es algo íntimo, no se metan), porque me hace sentir una pendeja y porque a él lo veo como a un hombre "armado", y algunos otros calificativos que usan las señoras mayores a las que les llevo una lindísima ventaja. Apenas 29 años y toda esta sabiduría... Mi Dios, creo que entonces la suerte está de mi lado, che...

Saludos color verde!
(menta, claro!)

Saturday, January 06, 2007


Cuando uno dice "sugus verde" dice "sugus de menta", el verde clarito no le llega ni a los talones y eso es una de las verdades más ACSOLUTAS que existen.

Feliz año nuevo a todos y especialmente a mi amigo recuperado "Nippur".

Maca

P.D.: Y cuando se habla de Corazoncitos Dorins se habla de los de mandarina, claro está.

Friday, January 05, 2007

La infelicidad hoy
(Jueves 4 de Enero de 2007)


Me siento infeliz. Pero no se trata de la infelicidad de siempre, de la conocida, de esa angustia que tantas veces ha estado en mí, metida en mi cuerpo y en mi corazón con la misma agilidad que la sangre. No. Hoy se trata de un nuevo tipo de infelicidad que, por nuevo, me genera cierto entusiasmo a pesar de su carga maldita y dolorosa que me lleva, justamente, a sentirla: La Infelicidad, con mayúsculas.

Hoy mi infelicidad – quizás vestida de rosa pálido – no parece tener como objetivo abolir mi seguridad o distraer mis emociones amorosas. No. Hoy mi infelicidad pareciera querer hacer algo más íntimo conmigo. Me quiere, sí, claro, pero me quiere toda para ella, y es por eso que a cada paso la tengo que escuchar susurrándome asuntos del tipo de “él está mal”, “a él no se lo ve bien”, “vos a él no lo hacés feliz”. Y es entonces cuando corro hacia el espejo y me miro pensando “soy linda”. Y sí, lo soy. Así que con eso tengo para empezar y del después me pienso ocupar después. Pero claro, la infelicidad es menos amiga del tiempo que yo por lo cual la corrida hacia el espejo es la única velocidad a la que puedo someterme. Más rápido no puedo avanzar y con mayor lentitud todo se echaría a perder en un abrir y cerrar de ojos. Me resta correr: corro, piso fuerte, soy veloz, y linda, pero eso ya lo dije. Mis pies se pisan en el fragor de la avanzada, llego a un destino que tiene cara de dormitorio compartido y me arrojo sobre la cama con deseos de ser absorbida. Ojalá pudiera convertirme en sábana, en almohada, y ser para él el refugio del descanso. Recién allí dejaría de comprarle regalos y hacerle tartas, y escribirle, e intentaría métodos ante todo más plácidos para hacerlo un hombre feliz. Porque mi infelicidad hoy nace de él, o más bien, de la suya, de la que siento que siente a mi lado últimamente. De un salto salgo de la cama y vuelvo a los pasos veloces de la corrida diaria y es ahí cuando me doy cuenta de que quiero escapar o algo parecido. Llego agitada a la puerta de calle y con las llaves en la mano derecha inundo la recepción del hogar donde vivo con mi familia. Lloro. Las lágrimas ofician de puente, son las únicas que pueden ayudarme a salir de la maldita infelicidad que me ha invadido toda, de principio a fin, y también a lo largo de toda ésta jornada pegajosa de verano y mosquitos. Lloro haciendo del llanto mi bendición, la escuela en la que pienso aprender, la iglesia en la que no me dolerán las rodillas al rezar. Abro la puerta: huelo. La calle en este instante tiene más sonidos que aromas, pero esos sonidos tienen olor. Cierro velozmente la puerta y me siento en el piso. Siento el frío de la madera que sube por mi espalda hasta mi cuello y me tira de los pelos. Aunque tenga que quedarme pelada juro que no voy a moverme de este lugar. Es mío como nunca nada lo fue tanto. Y desde acá, desde el piso que me sostiene la testarudez por fin la veo a ella huir de mí. Sale de mi boca para deslizarse como la sombra al paso de los hombres soleados, o el agua que me chorrea del pelo al terminar de bañarme. Sí, se va, se está yendo, y es ella más que nunca cuando se va. Le doy las gracias y me seco la cara con las lágrimas húmedas que ya no me pertenecen, que ahora son del mundo, y que me veneran por haberlas hecho nacer.

Lo bueno de la infelicidad es que a veces, además de nueva, es breve y fluida y por eso ya se fue, y por eso él ahora va a llegar con la cara que usa cuando ya se le pasó.

Me paro.



La felicidad hoy
(Viernes 5 de Enero de 2007)


La infelicidad de ayer se esfumó, por suerte. Leo mucho desde que la sentí para poder quitármela y la lectura efectivamente me ha dado resultado y hoy puedo decir que me siento feliz. Cuando leo siento cosas que tranquilamente podrían ser producto de la consumición de alguna droga: alucino, me río, tengo imágenes psicodélicas y hasta me tropiezo al caminar. O podría decir que el estado en el que me deja la lectura es muy similar al que provoca la ingesta de alcohol en exceso porque en realidad no conozco muchas drogas así que prefiero compararlo con las que están socialmente más aceptadas más que nada para no herir susceptibilidades. Yo soy una mujer socialmente aceptada a pesar de no haberme casado y haber tenido una hija y desde hace poco mucho más porque saqué el registro y puedo conducir libremente por las calles tanto de mi barrio como por las de otros barrios que todavía no conozco. No conozco muchos lugares pero soy feliz igual ya que con mi ignorancia a cuestas he podido ir a lugares que quizás muchos tampoco conozcan y así y todo sean felices como lo soy yo. O más. O menos. Al fin y al cabo ¿qué me importa?.

Ya no tengo más tiempo, el sugus verde que me comí recién era mi límite. La bebé que me ha elegido como madre despertará en breves instantes mientras que su padre, a quien le toqué como señora esposa sin papeles que lo avalen, acaba de ingresar al hogar con leves heridas del mundo social sobre su cuerpecito pequeño y débil. La fiebre y el malestar son sus cobardes defensas para con la hostilidad que día a día, minuto a minuto, nos apuñala subliminalmente como los mensajes satánicos de las canciones de Xu Xu Xu, Xa Xa Xa. Pero lo bueno es que mi felicidad hoy es verde como el envoltorio del sugus y que la infelicidad de ayer ya no tiene ni peso especifico ni forma anatómica ni deseos de aparecer a lo largo de todo el fin de semana lo cual hace que Yo disponga de 72 hs – aseguradas – para disfrutar de la vida. El destino y sus trampas no son lo que eran ayer así que no les temo. Hoy no le tengo miedo a nada y sé fehacientemente que esa es una de las formas de la felicidad que en este momento pregono. Me encanta la palabra “pregono” y me gustaría cerrar con ella pero no es posible porque es una palabra abierta y que además ya utilicé y el miedo a la repetición bien se sabe cómo acompleja al artista así que... ¡felicidad!. (Esa igual es linda ¿no?).

Friday, December 22, 2006

Navidá navidá, dulce navidá
Alegría en este día hay que festeja-ar

Navidá, navidá, dulce navidá,
Alegría en este día hay que festejar


Una nueva navidad parece que está llegando. Hace días que quiero escribir al respecto y no me viene nada digno. Ahora estoy comiendo helado – chocolate con almendras, dulce de leche con nuez y frutilla al agua -; y más tarde, puntualmente a la hora de la cena, comeré un rico pescadito que cocinará mi rico maridito. Y así es como todos los hechos cotidianos van transcurriendo aparentemente igual que siempre pero... ¡ojo al piojo!, no se dejen engañar. Ni bien arranca el mes de diciembre arranca también un período de tiempo que creo no está clasificado con ningún vocablo y que tiene que ver con una espera. (Yo sé que siempre hablo de esperar, que tengo un asunto irresoluto con el temita ese, pero les juro que ésta vez me refiero a otra cosa). El período del que hablo tiene que ver con la espera de... (música de presentación de Persona Muy Importante, o sea PMI) “El Señor Papá Noel”. Y sí, vamos a ser honestos con nosotros mismos, che, no es cuestión de seguir escondiéndonos bajo el manto de la niñez diciendo que lo hacemos por los chicos, que si no recibimos regalos no importa, que la navidad es una excusa para pelearse o no con los cuñados políticos.... ¡No!. La navidad es la noche en la que llega Papá Noel, y punto. No tengo idea de cómo llegamos del cumpleaños de Jesús, el hijo de Dios, al barbudo gordo vestido de rojo y con una risa sonora y corcoveante, y creo que tampoco lo quiero saber. Bastante he tenido ya con que Analía Imperiale a mis cinco años - ¡nada más que cinco años, buacha! – me haya dicho que Papá Noel eran los papás. Qué bien hice en no creerle, cada año que pasa me siento mejor conmigo misma por no haberlo hecho... Si le hubiera creído hace por lo menos ocho años que no tendría que haber recibido nada, ni un osito ni una pulserita ni nada, y vamos que si alguien ha sido generoso conmigo sobre todo en los últimos años fue El Señor Papá Noel. Pero bueno, volviendo al tema – si es que hubo uno alguna vez en toda esta maraña de palabras de Moraña – lo que quiero decir es que del primero al veinticinco de diciembre lo único que hacemos es esperar a Papá Noel. No importa si andamos como locos comprando servilletas o preparando pan dulce, como tampoco le importa a nadie si hicimos una ensalada rusa o dos matambres de pollo, porque nada de lo que hagamos puede tener más valor que la llegada de nuestro querido Papá Noel. Ese viejo simpaticón, bebedor -por lo menos- de anís, que hace muchos muchos años se entregó a la generosidad y desde entonces embala y empaca incansablemente paquetes, juguetes y cajones de mimbre para ser entregados a las doce de la noche del 24 de diciembre, ya 25. Él quiere a la gente y su misión es la de entregarles regalos a todos aquellos que se han portado bien a lo largo del año. Yo he conocido a un niño que una navidad no recibió nada por haberse portado muy mal. Portarse mal significó, en este caso, que le pegaba a las hermanas, escupía a las maestras y les ponía trampas a los gatos, entre otras cosas. Y así fue que llegó la noche buena y el niño se encontró con que no había nada para él debajo del arbolito. Lloró, puteó y se fue corriendo, desconsolado, y se encerró en su cuarto. Se arrodilló al lado de su cama y con las manos unidas miró al cielo y gritó: “¿Por qué, Papá Noel?, ¿por qué?”, y al no escuchar ni un esbozo de respuesta pateó y golpeó a puño cerrado a todo lo que tuvo a su alcance. Tras la bronca descargada se quedó dormido hasta el día siguiente. Sus padres y sus hermanas lo despertaron con el desayuno en la cama y mientras él desayunaba ellos intentaban reconstruir su dormitorio. Se desearon una muy feliz navidad y se abrazaron llorando. Papá Noel también lo perdonó y para demostrárselo le ofreció un lindo puestito en su empresa de empaques “El Gordo Generoso”. El niño, una vez cumplida la mayoría de edad, lo aceptó de mil amores. Hoy por hoy son muy amigos y a veces cenan juntos las sobras del 24 unos días después.

Moraleja: cuando no estén inspirados deseen una feliz navidad y un próspero año nuevo que nunca-nunca falla, salvo extrañísimas y no contempladas excepciones.

Gracias por la magia y traten de no irse de mambo con el alcohol, y si lo hacen quédense en casa rompiendo lo que es suyo nomás. Quiéranse, abrácense, den todos los besos que puedan, y sonrían todo lo que les sea posible, y si les termina doliendo la mandíbula, mejor.

¡Amor del bueno y salud de la misma calaña!

Maca

Monday, December 11, 2006



Decir que el calor aplasta no es nada ingenioso ni original pero como no siempre estamos obligados a ser ingeniosos u originales lo digo en tono social: “El calor nos aplasta a todos”. Y sigo hablando: ¿cómo andan?; yo muy bien, con muy poco tiempo que dedicarle al blog pero con muchas ganas de que termine el año para poder disponer de más tiempo para dedicarle al blog y a algunas otras cosas. Que el mundo se detenga entre diciembre y marzo tiene, como todas las cosas, sus pro y sus contras, pero como ando bien tengo el loco tino de ver las cuestiones positivamente. Además, Violeta, su padre y la gran pileta colaboran enormemente en dicho afán por lo cual hasta me permito sentarme a escribir sobre nada en particular y sobre todo en general sintiendo que estoy escribiendo sobre alguna cosa de importancia que, desde ya, no existe. Porque, volviendo al principio, lo que más importancia tiene es el calor aplastante así que no tengo mucho qué contar más de lo que he contado ya que si bien no es mucho, seguramente los hará sentir bien por ese asunto del mal de muchos consuelo de tontos. Creo que es así aunque no estoy muy segura: me encantan las frases hechas pero las confundo como el Chapulín Colorado. Che, qué garrón la pelea que se suscitó con el tiempo entre el Chapulín y La Chilindrina ¿no?, perdieron en gran parte la magia que solían tener en el recuerdo. Y hablando de recuerdos me viene uno de un día que vi en el noticiero a Chespirito firmando unos libros en una presentación, creo que se trataba de su autobiografía, donde, entre la gente que hacía la cola para que le firmaran, había una pareja de fans de que se había casado disfrazada él de El Chavo y ella de la Chilindrina. Posta. No olvidemos nunca – por favor – que hay gente para todo. Ahora me pregunto si el futuro les habrá deparado también una separación... Ojalá que no.

Bueno amigos me despido de ustedes prometiendo una vuelta a toda letra para los próximos días festivos que tanto bienmal nos hacen a los argentinos.

Saluti,

Maca

Obvia post-data: NO CONTABAN CON MI ASTUCIA!

Saturday, November 18, 2006

Cincuenta kilos. Y un cuerpo. Y una cara. Los dientes eternamente separados y ese hueco imposible y real de aquel que no quiso ser definitivo, que siempre fue “de leche”. Los dientes son de leche cuando uno es chico y luego, pasan a tener huesos, caries y manchas. Como el cuerpo que también se va llenando de huecos definitivos y no, viejos y nuevos, útiles y difíciles de sobrellevar.

Es el vacío de la espera, la sensación de vivir y esperar como una única cosa posible de hacer los que forman entonces los huecos.

Lecturas, nuevas bibliotecas, y los lomos de los libros que también son cuerpos ahuecados entre palabras, letras, párrafos, capítulos, historias en las que todo puede ocurrir.

La envidia de lo ilimitado, del todo en lo que puede sucederse, es quizás la razón más grande que me lleva a escribir y leer incesantemente, cada día, aunque más no sea unas líneas.

Y mis líneas, las que escribo y las de mi cuerpo, las de los dientes, las que se establecen mezcladas en los cincuenta kilos, a veces algunos más, a veces, lamentablemente menos. Solo con otra persona dentro pasé la barrera de los setenta. La panza y después volver a ser una sola, pero con un nuevo hueco ya imposible, ya casi fantástico en el recuerdo. Viví con otra persona dentro de este mismo cuerpo, y el ahora que nos convirtió en dos, y el afuera tan definitivo.

Casi un cuerpo que es incluso otro hueco. Agujeros por los que salen y entran historias, humo, bebidas, mocos, alimentos y sonidos. No me atrevo siempre a explorarlos y aún así siempre es que lo hago, como esta mañana de jueves en la que se inaugura un nuevo hueco con ambiciosas intenciones que están a la vista, dentro de los espacios aparentes, siempre y ahora fuera de mí.

Thursday, October 19, 2006

Hay épocas en la vida en las que uno se convierte en alguien faltante, ausente. Hay otras, claro, en las que sucede todo lo contrario: se está en cuanto lugar físico o espiritual se quiere estar. Y hay una tercera variante: momentos en los que suceden ambas cosas al mismo tiempo. Justamente, de lo que quiero hablar, es de ese poder que nos permite estar en varios lados a la vez, desarrollado mayormente por las mujeres pero imitado, en algunos casos con logros destacables, por hombres indefectiblemente inteligentes.

Yo hace unas semanas que estoy aquí para no estar allá, que falto a A para asistir a B, que río de todo para llorar por nada, que juego a decir pero elijo callar... Pero basta, no quiero que este texto pueda confundirse con una canción de Sabina; lo que sí quiero es manifestar mi admiración hacia el género humano que cuenta con el poder de vivir varias vidas dentro de la única que tiene, de estar en varios lados a la vez, de ser partícipe de la vida de otras personas que se encuentran en cualquier lado.

La semana pasada no asistí a ninguna de las clases que tomo, no obstante fui a la psicóloga y dicté mis tallercitos, pero el cansancio y la falta de tiempo – siempre la falta de tiempo – hicieron que yo no estuviera en varios lados, que fuera “la ausente” de la semana. Pero esos espacios de ausencia aparente yo estaba presente en otros espacios que tenían que ver, en este caso, con la organización del primer cumpleaños de mi hija. Entonces si se le pregunta a alguien que los martes por la mañana acostumbra verme dirá que ese martes por la mañana extrañamente no me vio, pero si se le pregunta a alguien que jamás me ve los martes por la mañana dirá que sí, que es la primera vez que me ve un martes por la mañana, y quien sabe quizás hasta diga que le dio gusto verme. Ausente y presente, presente y ausente, y sin trucos de magia.

Una vez, un amigo llamado Pablo, quien además de llevar una vida libertina plagada de excesos coordinaba grupos de jóvenes que querían confirmarse en la fe cristiana, dijo algo que me gustó: “Así como Jesús está siempre entre los que lo nombran, tanto yo como mis amigos estaremos siempre que alguno de nosotros abra una cerveza”. Y ese es el punto. Hace años que no veo a Pablo y a la mayoría de los integrantes de aquella banda, pero cada vez que se abre una cerveza me acuerdo de esas palabras, y de ellos, y de un montón de anécdotas que son muchas y por ende, no siempre son las mismas.

Y aprovechando que me puse algo mística hacia el final, voy a terminar mencionando a mi mamá que hace más de siete años dejó de pertenecer a éste mundo de vivos presentes para convertirse en algo supuestamente ausente, algo de lo que no se sabe casi nada, pero que así y todo nunca ha dejado de estar conmigo, cuidando de mis pasos y ayudándome tanto... Y éstos días en los que se celebra mi primer año de madre, en los que está tan en mí, en los que la extraño más que de costumbre, ella está conmigo.

Y ya está, eso es todo lo que quiero decir: hay que tener presente que aún cuando estemos ausentes podremos estar presentes. No me gusta cómo lo dije, pero va a quedar así porque me tengo que ir, porque tengo que ausentarme, sí, justo ahora que me estás leyendo...

Monday, October 02, 2006


Lo que pasa: hay un instante diario en el que pienso en mí. Es sólo uno.

El procedimiento (1): agacho la cabeza tratando de no torcer ni siquiera la primera parte de mi espalda, y luego me miro con concentración el ombligo.

(Salvedad: no siempre está del todo limpio)

El procedimiento (2): levanto lo que bajé sintiendo los pelos que se acomodan diferente sobre mi nuca, y una vez llegado el final me limito a pensar lo siguiente:


Soy Yo. Soy Yo. Soy Yo. Sé que Soy Yo.


El durante: me río para seguir pensándome como alguien tan propio como ajeno, como un ser con nuca, espalda, cabeza y ombligo. Pienso que sí, que soy yo, y ahí es cuando siento que ya puedo volver al mundo, a relacionarme con la gente, a andar por la calle sin silbar.


El después: en la conversación banal con el verdulero o en la profunda y nocturna que se suscita siempre sobre el colchón, me recuerdo, pero la imagen no siempre es nítida ni es mía, y una vez llegado el final me limito a pensar lo siguiente:


No sé. No sé. No sé. No sé quién soy.


El final: duermo hasta el día siguiente sobre las lágrimas densas y más propias que todo lo otro que pueda tener.

La esperanza: encontrarme en el instante íntimo del mañana.

El Gran Temor: volver a escribir lo mismo. Lo mismo. Lo mismo.

Monday, September 25, 2006



Ayer le dije a Diego de comprar el diario pero estábamos recién comidos y con la fiaca que los domingos es mucho mayor a la del resto de los días, así que dijimos que iríamos después. Después, también por la fiaca, obviamente no fuimos. A la noche soñé que leía en el diario los nombres de las novelas finalistas del premio Clarín; eran doce y dos de ellos empezaban con las mismas palabras que la mía, pero terminaban diferente. Ésta mañana, mi querido profe Juan, me dio la noticia de que habían salido los nombres de las novelas finalistas dentro de los cuales la mía no estaba. Confieso que no pretendía tanto como ganar pero sí ser finalista porque sentía que eso me conduciría con más velocidad a la tan deseada edición. Ya no importa, la primera novela de mi autoría será publicada de un modo u otro, más allá del concurso. Pero claro, sería absurdo no mencionar la pena que me dio el no reconocimiento ya que de haberlo tenido lo mencionaría a los gritos. Siento una fuerte desilusión a la que no le tengo que permitir que empañe mi lucha por editar mi adorado trabajo que además de imperfecto y valioso, es mío. Ante todo mío, mío, mío y nada más que mío, y que pronto será de ustedes, suyo, suyo y nada más que suyo.

Saluti

Akito (¡mi seudónimo!)

Friday, September 22, 2006

La buena educación

Hoy tuve terapia, a las nueve y cuarto, pero arrancamos pasadas las y veinte. De la sesión no quiero decir nada – aún la información no ha decantado – lo único que quiero decir es que no me banco al portero del edificio de mi psico, a él en particular, pero confieso que en general es un rubro por el que no me suelen nacer sentimientos piadosos. Éste, como tantos otros, se hace el canchero y el poderoso, y si bien lejos está de ser realmente alguna de las dos cosas, ya ha adquirido un arte para desarrollar esa ficción que inmediatamente lo coloca donde quiere estar. Encima – y he aquí la principal causa de mi aborrecimiento – juega, cada vez que voy, a que no me reconoce. Voy todos los martes, lo veo y le digo “Buen día”, y él suele fruncir los ojos, ladear la cabeza y contestar algo así como “Eh... ah, sí... eh... ah vos sos la que... ah no, sos... eh... ¡ah!, una paciente de Silvina, qué tal, buen día, sí...”. ¡Forro!, me dan ganas de gritarle. Sabe perfectamente quien soy, como yo sé perfectamente quien es el: un portero más que no me banco. Pasado el trance del saludo y del no-reconocimiento hacia mi persona, me sugiere siempre tocar el timbre, y yo siempre le respondo “Sí, claro”, y con la voz que debería poder sacar afuera digo “Como si hubiera otra cosa para hacer”.

Hoy, movida por su inmejorable consejo, toqué el timbre, y como mi psico no me contestó enseguida el hombre vino a mí con cara de alegría, y empezó a arrojarme palabras varias, ninguna, claro, de mi interés. “Debe estar atendiendo, es que ella tiene muchos pacientes, pero espérela acá porque los propietarios ya me tiraron la bronca porque hago pasar gente que espera en el palier y además de incómodo es peligroso, ¿no le parece?. Ojo, eh, no quiero decir que usted sea peligrosa aunque si va a una psicóloga ¿no?... jeje... ¿no?”. “NO”, le dije, pero un NO rotundo, grande, que en realidad significó “¿Y a vos quién te dio vela en este entierro, tarado?”, pero él siguió con sus cosas como si nada, o peor, siguió trabajando, limpiando sobre lo limpio, con una sonrisita que expresaba que había logrado su objetivo: el de molestarme. Algún día seguramente le voy a decir algo; algún día, seguramente, lo mande a cagar. Quienes me conocen saben que tarde o temprano termino vomitando las palabras sin filtro por las que con frecuencia siento tanto temor que a su vez se ve opacado por la educación y las buenas costumbres. Es un embrollo de sentimientos y herencias educativas que detesto tanto o más que a quienes me los provocan.

Después me reí sola, mientras esperaba, porque me acordé de un texto que escribí hace tiempo que trataba de un portero – ahora lo publico – como así también me acordé del portero de mi otra psicóloga, de la anterior, que me saludaba con un beso. Sí, con un beso. Todo comenzó el día que me dijo “Hola, Macarena, salúdeme porque hoy es mi cumpleaños”, y entonces yo, Macarena – él sabía mi nombre aunque nunca me lo había preguntado – le di un beso, tal vez hasta una palmadita en la espalda y todo, y a partir de allí nunca más pude dejar de saludarlo. Con un beso. Apenas me veía aparecer se apuraba para abrirme la puerta, darme el beso que quizás más me ha incomodado en la historia de mis besos, correr hacia el ascensor, abrir y cerrar la puerta del mismo, y sentarse a trabajar otra vez, igual que antes, pero sintiéndose diferente por esa suerte de victoria que sé fehacientemente sentía cada vez que me acorralaba en su atípico saludo de portero-paciente de la psicóloga del sexto “D”. ¿Cómo se le dice a una persona “no te quiero saludar más con un beso”?. Si, ya sé, se debería poder decir así, sin más, pero a veces no se puede, y es ahí donde resuenan en mí otra vez las palabras buenas costumbres o buena educación. Y si de buenos se trata yo puedo ser un (buen) ejemplo, porque a pesar de sentir cierto tipo de odio hacia el gremio “encargados”, los sigo saludando con sonantes “Buenos días”, y luego les dedico textos que, como puede apreciarse, no consiguen ponerlos en el lugar de “malos” o “equivocados”. Mala y equivocada soy y estoy yo. Pero soy de educada, mirá...



TEXTO

Ejemplo de comportamiento de un portero del barrio:

- Disculpe el atrevimiento señorita pero ¿a qué departamento viene?.
- Al tercero seis, a ver a la señorita Tatiana.
- Ah sí, pero ella no está, salió un momentito; y dicho sea de paso, me dejó dicho que si venía alguien le pidiera que la esperara. ¿Usted la puede esperar?.
- ¿Cuánto va a tardar, sabe?.
- Y no... Imaginese que yo no puedo contestarle una cosa así, pero no creo que vaya a tardar mucho considerando que dijo que volvía en un rato; además si ella la citó seguro que está al caer. ¿Usté viene por el alquiler de la habitación, no?.
- Sí.
- Es un lindo departamento, y la señorita Tatiana es muy buena chica, muy educada, no creo que vayan a tener problemas. Usté también parece así... como ella... modocita ¿vio?.
- Ah... gracias.
- No, no hay porqué mija, no es un cumplido, es lo que está a la vista. Ya le digo, la señorita ha de estar al caer y no hay problema de que la espere acá. Ella es una chica muy buena, muy estudiosa, el año pasado sacó las mejores notas de la facultá. ¿Usté sabe lo que estudia ella?.
- No, no la conozco, yo vine por el aviso...
- Entiendo, pero no se preocupe porque como le digo ella es una chica bárbara, simpática, educada, sociable. Estudia filosofía. De acá no entra ni sale sin saludar, y eso que no tiene porqué ya que imaginese que en un edificio tan grande hay de todo, gente educada y gente que mejor perderla que encontrarla, y los que saludan son los menos, además los jóvenes son más maleducados que los adultos así que lo de la señorita Tatiana vendría a ser una excepción ¿me entiende?.
- Sí, claro. Mire señor, yo la voy a esperar en el bar de la esquina, si usted me hace el favor de avisarle que estoy ahí cuando ella llegue...
- Yo no tengo problema pero permitame decirle que en ese bar son unos ladrones. Le van a querer cobrar un ojo de la cara por un té, un café, una gaseosa o lo que vaya a tomar; yo sé lo que le digo. Hace más de veinte años que trabajo acá, toda una vida, y a esos los conozco bien, son unos chantapufis. De acá, del edificio, no va nadie porque la gente se curó de espanto, ya sabe: el que se quema con leche ve una vaca y llora. Así que usté haga lo que quiera pero yo le advierto, por las dudas, aparte le digo que no hay problema que espere acá, en el hall, y si no la invito a pasar a casa a charlar con mi señora es porque ella está trabajando y yo no puedo dejar la puerta que si no...
- No, está bien, muchas gracias pero no hace falta. Le pido por favor si le avisa que estoy ahí, en el bar, de todas maneras me voy a tomar un café chico y para eso tengo. Gracias.
- Haga como quiera, pero el zorro sabe por viejo pero más sabe por zorro y por algo le digo lo que le digo. Ustedes, los jóvenes, nunca escuchan a los adultos y así les va después. Yo no le quiero decir que a usté le va a ir mal pero...
- Está bien, gracias, hágame el favor de avisarle a Tatiana ¿sí?.
- Como quiera señorita, ¿su nombre?.
- Mili.
- De Milagros.
- No, de Milanta.
- ¿Usté se llama Milanta? ¿qué nombre es ese?. Nunca lo había escuchado.
- No, es original...
- Más que original es de remedio, ¿no hay un remedio que se llama así?.
- Sí, creo que sí...
- Mi mujer lo toma, ella toma muchos remedios porque tiene problemas de salú ¿sabe?, es muy inestable la pobre. Pero eso le pasa por trabajar tanto, ella le limpia a la gente de acá, es la doméstica del edificio.
- Ah, qué bien. Bueno señor, gracias por todo, nos vemos en un rato.
- ¿Insiste con ir a ese bar?. Hagame caso, señorita, hagame caso... Hay que escuchar a la gente grande, a los que saben, le van a cobrar cualquier cosa y después se va a arrepentir de no haberme llevado el apunte. Quedese acá que no hay problema, además la señorita Tatiana ya le digo, ha de estar por llegar, no debe haber ido muy lejos. Ella estudia nomás, los padres la mantienen, son de Bahía Blanca ¿sabe?.
- Ah...
- Pero no se quede con esa cara, no es que yo no la deje ir al bar, usté haga lo que quiera, ya es grande, pero le van a sacar todo por cinco minutos que mejor se los pasa acá hablando conmigo que no seré una gran compañía pero tengo linda conversación, y eso no lo digo yo, lo dice la gente que vive acá. Para que se de una idea la señora del doce siempre me viene a charlar de mañana y nos quedamos una hora, a veces un poco más, conversando sobre el tiempo, la gente, la vida, sobre las cosas que uno conversa ¿no?.
- Claro...
- ¿Usté no es de acá, no?, no tiene pinta de porteña.
- No, soy de Ramallo, provincia de Buenos Aires.
- Sí, conozco, mi mujer es de San Pedro. Lindos lugares esos. Pero claro, es como dice el dicho “Pueblo chico infierno grande”, además si usté quiere estudiar, desarrollarse, ser alguien en la vida, tiene que vivir acá, en la Capital, porque allá no hay oportunidades...
- Mmm...
- Usté debe estar pensando que cómo habla este viejo pero eso es porque es joven y todavía no se dio cuenta.
- ¿De qué?.
- Del asunto de las palabras, de la comunicación. Si nosotros, los seres humanos, no charláramos entre nosotros, no quedaría nada. La mortaja no tiene bolsillos, mija, y uno tiene que hablar, conocerse, saber de los demás, porque siempre se necesita de los otros. Además, como dicen, el saber no ocupa espacio...
- Claro...
- ¿Es la primera vez que viene a Buenos Aires?.
- No, yo vivo acá hace tres años, pero me quiero mudar.
- ¿Problemas?
- No, pero la chica que vive conmigo se puso de novia y anda con ganas de convivir así que yo tengo que irme.
- Un poco desagradecida ¿no?, ingrata que le dicen... seguramente cuando usté le alquiló la pieza a ella le vino muy bien...
- Sí pero ahora ya no, es la ley de la vida...
- ¿Y usté no tiene novio?, permitame, con todo respeto, es muy linda...
- Gracias, pero no, no tengo novio.
- ¿Y la chica que vive con usté es linda?.
- Más o menos.
- Y sí, era de esperarse...
- ¿Por qué?.
- La suerte de la fea la bonita la desea, mi madre siempre lo decía, era una mujer muy sabia. Nosotros tampoco somos de acá, somos italianos. Yo nací y a los veinte días ya me trajeron pero tengo la ciudadanía italiana y mi sueño es viajar para allá y conocer el lugar de donde vengo, de donde viene mi familia.
- Ojalá se le de.
- Sí, ojalá. Ah no, le pido por favor que no, que no me fume acá en el pallier porque me deja todo impregnado y después no lo saco ni con lavandina.
- Voy al bar ¿sabe?, así no lo molesto.
- Usté no me molesta, me molesta el cigarrillo. Yo fui muy fumador, fumaba tres atados por día, negros. Pero hace diez años que dejé y ahora no soporto el olor, pero más que nada se lo pido por los habitantes, los inquilinos y los propietarios, porque después me tiran la rabia a mí, vió cómo es: el portero tiene la culpa de todo. No sienta que la estoy echando, usté me cae muy bien, pero fume acá en la puerta, no me fume adentro, es lo único que le pido. Además, quiere que le diga, no me gustaría que entre al bar de esos ladrones, ahí sí que se fuma y cómo...
- Bueno está bien, espero un poco más.
- Sin fumar.
- Bueno, sin fumar.
- La señorita Tatiana no fuma y seguramente no va a querer que usté fume dentro del departamento, pero en vez de vivirlo como un problema acepteme el consejo y aproveche para dejarlo de una vez por todas. ¿Hace mucho que fuma?.
- Desde los dieciséis, tengo veintidós.
- Una eternidá, mija, tiene que largarlo, ¿usté no lee que es perjudicial para la salú?.
- Si pero...
- Pero nada, con el cigarrillo hay que ser drástico, de un día para el otro hay que decir no fumo más y no se fuma más, y listo. La gente se cree que es difícil pero es como todo, hay que acostumbrarse y sanseacabó.
- Yo por ahora no quiero dejar...
- Va a tener problemas con Tatiana, yo sé lo que le digo, ella es muy buena pero si deja de serlo... hay que tener cuidado. Es como mi señora, ella es un amor pero no le vayas con un martes trece porque te lo tira por la cabeza, a mí hasta ha llegado a levantarme la mano.
- ¿Cómo?.
- Sí, no vaya a creer que es golpeadora, es un pan de dios mi esposa, pero más de una vez yo me he puesto pesado y ¡zácate!, me dio una cachetada que me dejó girando como un trompo.
- No lo puedo creer, yo detesto la violencia.
- Yo también, no crea, y mi señora también, sólo que a veces uno reacciona como menos se lo espera. Ya le va a pasar, después de treinta y tres años de matrimonio las cosas cambian mucho y todo por lo que uno dijo de esta agua no he de beber, se lo traga con o sin embudo ¿me entiende?.
- Sss...
- Claro, usté no puede entender mucho porque es muy joven, pero ya la vida se va a encargar de hacerle comprender porqué pasan las cosas. Yo, cuando la conocí a mi señora, era un pibe y trabajaba de cadete en la ferretería de un tío mío, del tío Oscar, y él me decía “Ojo José que la bruja esa es peligrosa, no te enganches”, y yo no le hice caso y acá estamos... treinta y tres años de casados.
- Pero entonces tan mal no le fue...
- Y... usté vió cómo son las cosas, todo depende de qué lado se las mire. Mi señora es muy buena, si se muda acá ya la va a conocer aunque a la casa de la señorita Tatiana no vaya, porque ella siempre anda de un lado al otro, con hormigas en el culo como le digo yo si me disculpa la expresión. Pero así y todo, con lo buena que es, también se nota que tiene su carácter pero eso es bueno, es muy bueno, porque alguien tiene que llevar los pantalones, dirigir la batuta ¿me comprende?. Yo a mi señora la adoro, la amo ¿sabe?, pero yo llamo a las cosas por su nombre y ella no es la madre Teresa de Calcuta ¿me entiende?. Yo tampoco soy un santo, le digo la verdá, pero al lado de ella tal vez soy mejor persona, pero eso no lo tengo que decir yo, eso lo tiene que decir la gente. Usté le puede preguntar a cualquiera de los de acá, a cualquiera de los habitantes, y va a ver que le hablan maravillas de mí, porque yo soy encargado de este edificio hace más de veinte años y nunca he tenido una queja, ni un sí ni un no con nadie. Y eso no es común, siempre hay problemas y más con el portero, pero yo no doy motivos. No me gusta meterme en la vida de nadie y no me gusta que nadie se meta en la mía.

- Buenas tardes José.
- Buenas tardes señora Elena, ¿cómo anda?.
- Lo más bien por suerte. ¿Llegó la luz?.
- Sí, acá tiene, veintidós pesos, dos menos que el mes pasado...
- Es que no estuve el fin de semana...
- ¿Anduvo paseando?.
- Sí, fui a lo de mi hermana, a Virreyes.
- ¿Todo lindo?.
- Sí, por suerte... ¡Los sobrinos están de grandes!.
- Me imagino... me imagino... ¿y su esposo cómo anda?, hace días que no me lo cruzo.
- No José, pensé que sabía, se fue.
- ¡Uh!, disculpeme, no sabía nada...
- No, está bien, no tiene porqué saberlo, nos separamos.
- ¡Qué desgracia, después de tantos años!.
- Sí, una pena, pero la vida es así, todo lo que empieza termina ¿vio?.
- ¿Y los hijos qué dicen?.
- ¿Y qué van a decir?, están tristes. Pero bueno, la interna del matrimonio sólo la conoce la pareja.
- Si lo sabré...
- Por eso... Bueno José, gracias, nos vemos.
- Nos vemos doña Elena, que le vaya bien y lo lamento. Disculpeme, en serio, no sabía nada.
- Está bien, José, no se haga problema. Hasta luego.
- Hasta luego.

- ¿No le digo?, pasa de todo en la vida, en el mundo, uno ni se imagina las cosas que pueden ocurrir, ni siquiera dentro de su propia casa. Yo sabía que se había separado, me lo había comentado la del doce, pero quería asegurarme ¿vió?, saberlo por la propia boca de doña Elena, porque más vale saber las cosas por buena fuente que por boca de ganso... Este es el matrimonio número quince que se separa en el edificio, ¿puede creer?. Pero no se asuste, eh, también se casaron varios. Ahora justamente hay dos parejitas de recién casados, una vive en el octavo y la otra en el décimo. Son muy simpáticas, las chicas sobre todo, los muchachos más o menos. Uno es técnico electrónico y el otro es hijo, ¿me entiende, no?. de familia de plata, de esos que no necesitan laburar... Qué se le va a hacer, hay gente que nace con estrella y otros estrellados. La señorita Tatiana también es mantenida pero los padres son gente de trabajo, buena gente, no son empresarios ladrones como los padres el muchacho éste, del octavo. Esa sí que no es buena gente, yo sé porqué le digo lo que le digo. No soy de hablar por hablar. El padre es el dueño del departamento pero tiene tantos que ni debe saber dónde quedan. Éste se lo regaló al hijo cuando se casó pero la chica me dijo que es un miserable porque tiene otros más lindos y mejor ubicados y éste se lo dió como quien le da una moneda a un chico de la calle ¿me entiende?. De todas maneras la chica está agradecida porque tampoco tiene porqué regalarle nada a nadie pero escúcheme, si al hombre le sobran las propiedades ¿qué le costaba darle al hijo, a su propio hijo, una de las mejores?: nada. Pero la gente es así, qué se le va a hacer. Algunas personas son generosas y otras no caminan por no gastar la suela del zapato ¿vió?. Yo no tengo hijos, mi esposa no pudo quedar nunca, pero si los tuviera les daría todo, hasta lo que no tengo y no es una manera de decir. A mí me hubiera encantado tener hijos pero vió cómo son las cosas, dios le da pan a quien no tiene dientes. ¿Y sabe por qué le digo esto?, porque yo gracias a mi trabajo tengo la oportunidá de ver madres con chicos todo el tiempo ¿y quiere que le diga?, son más las malas que las buenas. Y eso no lo digo solamente yo, lo dice todo el mundo, sobre todo de la chica de acá, del segundo ocho, esa sí que no tiene idea de lo que le dio la vida. Mi señora siempre me dice que se lo sacaría de las manos sin importarle la justicia ni nada. Claro que de lo que uno dice a lo que finalmente hace hay un largo trecho que nunca se termina de recorrer pero usté debe entender la idea. La chica ésta le pega a la criatura, le levanta la mano, le grita, usté no sabe las cosas que le hace. El nene tiene menos de tres años y ninguna persona se merece un trato como ese y menos de su propia madre ¿no le parece?. Yo le digo la verdá: a mí también más de una vez me dieron ganas de sacarle al nene, de robárselo como quien dice, pero bueno... eso no se puede hacer. Mi señora, que como le dije tiene su carácter, si fuera la madre de la chica la hubiera fajado más de una vez, pero uno desde el lugar que ocupa no puede hacer nada. Dónde se ha visto que los porteros o las domésticas eduquen a los inquilinos. Porque ellos son inquilinos, no son propietarios, acá por suerte todos los dueños son gente muy buena, menos ese que le dije antes, el padre del chico del octavo, pero ahí lo que cuenta es que vive ésta parejita porque el tipo, el dueño, acá no viene nunca, y mejor así. La última vez que vino me encaró por una pérdida del baño que yo imaginese que no tenía la menor idea, ni que yo andara metiéndome en los departamentos. Si me meto, después me tiran la bronca porque no avisé y así es todo, un círculo de problemas de los que uno no se puede hacer cargo. Yo no le arreglo nada a nadie, al principio lo hacía, pero después me di cuenta que era para quilombo, si me disculpa la expresión, porque una vez que uno le arregló algo a un habitante, ahí le vienen todos los demás con que una canilla, un cuerito, un vástago, y ahí sí que no hay portero que aguante. Yo tengo que ocuparme de la puerta, esa es la prioridad, y más en estos tiempos con lo mal que vivimos ¿entiende?. Y no dejo entrar a nadie, noseñor, a nadie sospechoso y siempre que olfateo algo raro enseguida llamo a la comisaría que está acá en la otra cuadra. Los muchachos ya me conocen y saben que soy de los que piensan que más vale prevenir que curar, claro que tampoco es cuestión de andar llamándolos todo el tiempo ¿me comprende?. Uno de los muchachos, de los oficiales, es amigo mío, y cuando no tiene nada que hacer se viene para acá a conversar conmigo. Siempre se trae unas empanadas o unas masitas, siempre cae con algo, es un buen muchacho. Yo le cebo unos mates y conversamos, me cuenta de los robos, de las violaciones, no son muy lindos temas pero hay que estar informado, no es cuestión tampoco de querer saber únicamente lo lindo porque lo otro también es parte de la vida. Justo vino antes de ayer, qué casualidá, pero fue la primera vez que no trajo nada. Es que a veces no le da la cara ¿me entiende?. Ellos, los policías, pueden manguear pero tampoco se pueden pasar de vivos porque si no la gente del barrio comenta y en el peor de los casos puede ir a la comisaría y levantar un acta. El año pasado el almacenero de la calle Sufriategui lo hizo y suspendieron a dos muchachos, a los que hacían la recorrida, por mangueros. Claro que el tipo después cerró porque lo afanaban cada dos por tres, llegó a tener tres asaltos en una semana, y eso que a mí no me vengan a decir que no fue una botoneada porque no lo creo, eh. Y mire que el oficial que le digo es amigo mío pero no por eso tengo que hacer ojos ciegos a las cosas que pasan. Acá, en la Argentina, todo el mundo sabe que la mayoría de los canas está al pedo, y disculpeme la expresión, andan mangueando sin ton ni son, sino imaginese que no habrían los robos que hay... Pero bueno, ¿qué puede hacer uno desde el lugar que ocupa?: nada, salvo que se quiera meter en problemas ¿no?, pero ahí ya es otro cantar.

- Buenas tardes José.
- ¿Qué dice señor Osvaldo, cómo anda?
- Yo muy bien ¿y usté?
- Bienbien por suerte. ¿Su señora?.
- Bárbaro, gracias. ¿Alguna novedad?.
- No, ninguna.
- Que siga bien entonces.
- Igualmente, nos vemos.
- Adiós.

- El señor Osvaldo es muy correcto, ese habitante sí que da gusto tenerlo. Es un muy buen vecino. Todas las mañanas compra el diario y lo lee en la plaza, yo lo veo.
...
- Uy, mire, ahí viene Tatiana...
- Hola José.
- Señorita Tatiana, ella es Mili, pero viene de Milanta, no de Milagros como se debe estar imaginando, la estaba esperando.
- Hola.
- Hola ¿cómo estás?. ¿Subimos?.
- Por favor.
- Bueno José, muchas gracias, no me la habrá asustado ¿no?.
- ¡Qué esperanza señorita Tatiana, apenas si cruzamos unas palabras!. Ahora las dejo, tengo mucho que hacer y esta chica ya me entretuvo de lo lindo. Ojalá se entiendan, que tengan suerte.
- Gracias.
- Gracias.
- No hay de qué, nos estamos viendo. Después me cuentan.

Thursday, September 21, 2006

Regalos de primavera


“La incomprensión entre civilizaciones con frecuencia no era más que un destiempo en el festejo de un chiste” César Aira

“Y tras un suspiro, que en ella, voluminosa como era, sonaba más natural, preguntó, en tren retórico, qué mujer no necesita hablar. A las esposas era tradicional reprocharles la locuacidad. Qué injusticia. Eran tantos los silencios que se acumulaban en la vida de una mujer casada, tantas las palabras no dichas haciendo presión sobre las membranas del insomnio... A la larga era como no existir” César Aira

“La amistad no es menos misteriosa que el amor o que cualquiera de las otras faces de esta confusión que es la vida. He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola” Jorge Luis Borges

“... comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro” Jorge Luis Borges

“Cualquier destino por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quien es” Jorge Luis Borges