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Thursday, January 21, 2010

tristísima...

Monday, January 04, 2010

llueve

Riquísimo olorcito a lluvia
que en su dulzor verde me hace sentir diminutiva

Serán las ganas de hacerme chiquita y de perderme en ese tiempo en el que no importaba dónde ni cuándo me quedara dormida porque siempre un grande o un gigante me alzaba y me llevaba (¡milagro!) a mi cama.

Tampoco importaban los ruidos
ni las ausencias
ni las lluvias con sol
ni nadie más que yo.

Y mis deseos infantiles salpicados de gotas

Sunday, January 03, 2010

Tras la caminata…

Tan dependiente de la brisa que en un rapto de vaya uno a saber qué se le prenden unas ganas locas de bailar

Pero no baila, canta, pero no baila, y no es falta de ocasión, y mucho menos de música, de eso siempre hay, es todavía más simple: decide no hacerlo, se rebela ante sus propias ganas, por idiotez o extrema inteligencia; siempre es tan delgadito ese cordel…

Quiere sumergirse en el mar
(ya, ya, pronto, arena)
y el mierda del dinero es, una vez más, el elemento burlón

es que quiere verlos jugando con la arena
es que quiere cerrar los ojos y levitar
es que tantos deseos de año nuevo
y es que ya no toma alcohol

Pero eso sí: canta. Su tono suavecito, sonido a plenitud, cacho de sur y recorte norteño, casitas, cielo, resto y amparo. Un consuelo vuelve haciendo el chiste: “re-cuerdos”, y se ríe solo de sus eternas picardías. Y esas pieles oliendo a off y a pañal y los domingos a pleno puro sol mate distracciones tetas añoranzas mensajes y pelitos.

Media docena de frases de otros convierten un instante en un suceso conmovedor y envidiable.
Ayer no, piensa, hoy sí, dice. Y el peso del cuerpo blando sobre la cama cuadrada promete recibir a las personas que son ella.

Tuesday, December 29, 2009

Lenguaje propio

Aclaración = excusa: empiezo indispuesta, hinchada, y el fin de año. Víspera navideña. Quiero ya un sinónimo de víspera. Busco. Por ahora no encuentro y me dejo distraer por la siguiente frase: “a ojos cegarritas sin pestañar”. Quiero empezar a usar la palabra cegarritas. Busco en la parte alfabética. Dícese de la persona que por debilidad de la vista necesita entornar los ojos para ver. No es mi caso. Tengo buena vista, por suerte, pero me doy cuenta que no es la misma de hace unos años. Nada es lo mismo. La panza hinchada me molesta. Es inestable, me refiero a la hinchazón. Hay períodos del mes que me siento divina, y otros en los que se me cae la estima tan abajo que no la puedo sacar ni con el palo de la escoba con el que algún día, lo sé, saldré volando de casa. Es muy linda la definición de víspera pero no tengo ningún deseo de transcribirla; pero sí me quedo con una palabra que pesqué al paso: “crepúsculo”. Me hace pensar en Julio Cortázar, y en ese librito tan bello llamado “Salvo el crepúsculo”; ya su nombre me conmueve. Leí mucho, pero siempre me parece poco. En eso y en otras cosas soy insaciable; al decir esto sé que vendrá la idea del sexo pero no hablaba de eso. Hay palabras que nos conducen los pensamientos, son limitaciones, estereotipos, y de esas cosas hay que huir… Escribo tomando conciencia de mi vocabulario habitual. Paso en limpio: hinchada, víspera, por suerte, panza, divina, estima, linda, conmueve.

Vamos por más. Como siempre.

Mediodía de sol desde acá arriba. La altura es referencia continua también. Eso supongo es bueno. Una vez me dijeron que si al escribir las letras se van hacia arriba es porque estás de buen ánimo. Podría considerarlo una idiotez, de hecho lo es, pero siempre lo tengo en cuenta. Sé que muchas veces descanso en palabras repetidas, conocidas, muy usadas, siempre quiero más. Siempre siempre, nunca nunca. Jamás también. No me rindo ante las incomprensiones, todo lo contrario, la etimología es también moneda corriente. Quisiera estudiar a fondo alguna vez, origen, razón de ser. Amo el lenguaje. ¿Qué sería de mí sin él?, ¿qué hubiera sido de no haber sido quien soy?. Tal vez cocinera, sí, pero me molesta el calor del horno en verano. En cambio puedo escribir bajo el sol sin dejarme caer por los ojos llorosos y tirantes. Siempre pienso en Borges, ¿qué escritor argentino no lo hace?. Premio a la cuasi perfección pero también a la tenacidad. Ciego el tipo… Ciego… Alguna vez quiero escribir una historia sobre alguien que no ve, que nunca vio, que vive de su imaginación, intuición y percepciones. Yo, gracias a Dios, con las piernas machucadas nomás, y ya casi no le doy importancia. A la panza vaivén sí: la odio, y no me puedo hacer la zen a la voz de “yo soy mi panza, mi panza soy yo”. No me identifica, me afea. Afea es otra palabra mía, y el tema de los lindos y los feos. Ahora se me pasó un poco, lo cambié por el de la soledad de estar solo, la otra que se siente estando acompañado, más que nada en el matrimonio, y por supuesto por el amor que se siente por los hijos. Los temas van cambiando y tal vez, pienso, las palabras también, y entonces aparecen nuevas. Entonces, desde cuándo, del tipo de, tanto que, sí o sí, por qué no, cómo no, sí señor, lero lero, me cago en la hostia, mamerto, carancho, chuletas, mis nenas… Uso mucho frases como: “me encaraba sistemáticamente”; “el amor es así, lo sé”; o “¡qué boluda!”; “buena onda y/o medio pelo”. Ahora palabras que puede que no sean tales… Paparulo, presqui, ratuzca, fajación, pendorchas. Busco por las dudas “paparulo” y me encuentro con paparrucha. “Noticia falsa o irracional; mentira. Obra literaria, insubstancial y desatinada”. ¿Será una señal?. Ni en pedo. Por Dios no. Ni a palos. Ni, mucho NI. Destino es una palabra hermosa, me hace pensar primero en los boleros y después en el querido Manuel Puig. Canto: “Y aunque pueda parecerte un desatino, no quisiera yo morirme sin tener algo contigo”. Qué lindo. Adoro las palabras cursis, las frases de amor empalagoso. Me encantaría recibir de tanto en tanto una carta así, melosa, melodramática, triste tal vez. Una vez me mandaron una, un loco del barrio, la tengo por ahí y el otro día la encontré. Me da mucho gusto gustar. ¿A quién no?. ¿Diré muchas obviedades?, ¿todos lo haremos?. Lo que noto es que la gente habla muy mal, y escribe pésimo. Ese facebook y todas esas redes sociales y cibernéticas son un muestrario de horrores de ortografía y gramática. Detesto los vistes, entendistes, escuchastes. Me hacen temblar desde los hombros con la misma intensidad que siento cuando una uña raspa un pizarrón. Yo no hablo mal, y escribo lo mejor que puedo, pero es cierto que digo muchas malas palabras. No sé si es bueno o es malo, lo que sé es que a veces me molesta tenerlas como muletillas, pero están establecidas, vienen conmigo, desde mi infancia, desde mi casa, mi primera forma de hablar, son palabras familiares para mí. Mí, yo, Maca, la auto referencia, la orfandad, el amor, la amistad. Los temas, mis temas.


Víspera dos. Fin de año. Año nuevo. Fin de año es un momento extraño y circulante, cargado de una melancolía que salpica los ojos. Llorás más – y en mi caso eso es tanto que…- Muchas más lágrimas, algunas que valen la pena, otras que se hacen madres de otras que se hacen madres de otras que… Y hoy, cuando me metí en la iglesia vacía supe que mi abuela Emilia andaba por ahí, y me acerqué al pesebre y bueno… Esas cosas que uno a veces no quiere contar. Era su pesebre, el pesebre que perdí y que regalé, o que se quedaron esas monjas ladronas de aquella feria idiota. En nombre del convento se quedaron con mis cosas. Era su pesebre, pintadito, colorido, recauchutado, pero el de ella, mío, y el burro me daba la razón. No me lo robé porque no puedo robar, pero me lo tendría que haber robado. ¿Cuántos Ave María tendré que rezar por robar el pesebre de una iglesia en plena navidad?. ¿A quién le bailan hoy tus bailarinas de vestido rosa y celeste, abuelita?. ¿Qué guardan aquellos pastilleritos minúsculos y plateados?. Ahora ya no soy la favorita de nadie; antes ella me prefería, no lo quería decir, pero cuando yo se lo decía se reía. Siempre fui la favorita de mi abuela Emilia y de mi mamá. Ahora me ando buscando tal vez en nuevas mujeres, nuevas amigas, o las de siempre que también son y están nuevas. Recurro a las palabras para tener una espalda derecha y una pared con la enamorada del muro pegadita pegadita, para apoyar éstas ganas y éste traste y éste verano de familia feliz, con deudas económicas y absurdas, con ninguna culpa pendiente, y con una lista larguísima de ilusiones y deseos. Los miré mucho éstos días a esos tres, de a ratos me parecía obsceno tanto amor y empalago. Te amo, te quiero, preciosa, mi reina, churro, mis amores… Supongo que me quedo con esas, me refiero a las palabras y a las personas. Una abuela que todavía tengo por lo menos siempre espera mi llamado, así que de algún modo me prefiere. Las otras dos que no están más sabrán tejer nubes. La madre al final del fondo de la entrada de la puerta del camino de la vida. Y ellos tres soleados de ojos grandes y también algo lacrimosos. La ilusión navideña de la más grande, los dientes de la beba, los abrazos del varón. Esos son los míos. Ya, entonces, cierro, aplaudo, tarareo, para acabar llamándome al silencio de una gratitud infinita y también, desde ya, por qué no, oime, seguro, es cierto, evidente: merecida.

Feliz año 2010.

Maca

Tuesday, December 08, 2009

Nunca le pareció una mujer fácil, pero qué mujer lo es. Se hicieron amigas enseguida. Al principio le pareció un poco demasiado risueña, con esa tontez que da la risita constante, pero luego se la adjudicó a una especie de ansiedad mezclada con alegría, y acabó por convencerse de que le gustaba. Le contó un montón de secretos. Ahora sabe que no es tonta sino peligrosa, y que el origen de esa risita es una neurosis galopante que se agenció después de desear sistemáticamente, todos los días, a pura conciencia, la muerte de su hermana. Ahora le teme tanto que no puede dejar de ser su amiga.

Monday, December 07, 2009


"recuerdo lugares en los que nunca estuve" Silvina Ocampo

Wednesday, December 02, 2009


soy. vida. necesito. ansío. momentos. abstinencia. arduo. soledad. abuela. criticas. mal-bien. solitario reconocimiento en premio. extraños enfrentamientos. fin. año. agote. abulia. abstengo. guardo. doy. prendo. ayudo. callo.

alguien me lee. alguien me elige.

ganas. silencio.

Tuesday, December 01, 2009

Este mediodía, me crucé a una mujer que fumaba mientras caminaba por la calle. Su edad y su cabello me hicieron acordar a mi madre, quien alguna vez me dijo que antes, “en su época”, estaba muy mal visto que las mujeres fumaran por la calle; porque dicho acto era considerado de mal gusto. Las que lo hacían eran llamadas atorrantas, o casquivanas. Y entonces hoy me pregunté si el día de mañana, cuando yo tenga cincuenta y tantos y mi hija, con sus veintipico, vea a una mujer de edad caminando desnuda libremente, se acordará de mí diciéndole: “Antes, en mi época, estaba muy mal visto que las mujeres fueran desnudas por la calle”.

Monday, November 16, 2009

Recuerda bien ese cumpleaños, toda esa época, la gente que la rodeaba, acompañaba, los que la hacían reír, los que la miraban, los que le tuvieron miedo y terminaron yéndose. El deseo, quizás fue la etapa más lujuriosa de su vida, mucha tentación, líos, ¡cuántos muchachos!. Su psicóloga de aquel entonces, mujer de tantas arrugas como buenas intenciones, además de ponerse a llorar con ella cada dos por tres, le decía que no temiera, que se debía a la sencilla razón de la ausencia del halago. Tras la partida inexorable de la halagadora oficial, sus veintiún años olfateaban galanes que pudieran acariciarla, verla bailar, hacerle algún que otro regalo, por qué no. Entonces ella se dejaba hacer, aquí y allá, y ellos le decían que era linda, hermosa, que brillaba, que actuaba divino, que tenía un cuerpo maravilloso, que sus dientes, si bien grandes, la convertían en Miss Simpatía.

La paradoja del destino y esa vuelta que le hizo con el dinero en abundancia y la familia desaparecida fue extraña, y algo cruel. Una historia típicamente argentina: lentitud, agonía, crisis, magia, hechos sobrenaturales, fantasías. Y tras la burla y el abrazo de ese destino juguetón, los bailecitos hacia arriba y hacia abajo, la bebida al centro y adentro, y todos ellos varios muchos saboreando de antemano una tajadita, pedazo, atisbo, de esa mujercita flaca y frágil, sola, despojada de tanto y tan pero tan ignorante. No era cumbia villera, ni música tropical. Temitas en inglés, canciones caretas, en la mansión que nadie supo sostener, ni siquiera el dinero. Qué sucia estaba la casa por aquellos tiempos. Se le había roto el lavarropas y usaba lo que iba quedando limpio, hasta que regaló y vendió casi todo el contenido de los armarios. Desde el vestido de novia de la abuela hasta las setenta y cuatro corbatas de su padre. Todo en bolsas siempre negras y grandes, bolsas en las que tal vez se escondieron algunos de esos amigos que se borraron o esos que usaban la casa para pasar ratos con sus chicas en la pileta. Los últimos, los que quedaron, los ciertos, aún sostienen el pacto de hermandad y solo usan las bolsas para tirar pasto y viejos trastos.

Pero ella baila a fuerza de ese zarandeo de culo, y se agarra la cabeza de pelos cortos por primera y última vez en la vida, y se sacude como queriendo tirar la pena por los pies, salí de acá hija de tu madre, le dice, pero la pena andá a saber qué piensa, o si piensa, o si se sabe pena. Tal vez se cree belleza, porque en esa época era todo tan difícil de entender, las cosas se mezclaban tanto que pasaban los días y ella llegaba a la noche, recuerdo imborrable, y se encontraba con la taza roja de te de la mañana y entonces decía, claro, estoy sola, re sola, en ésta casa, qué increíble, y se ponía a bailar, a mover el culo otra vez porque el show debía continuar aunque las lágrimas mancharan las paredes que cambiaban de lugar y color; ¿traviesas o malditas?.


Lo bueno de los relatos del pasado no son las imágenes, son las sombras porque esas sí que son honestas, que no saben mentir, reflejan, agrandan o alejan, pero son únicas y sinceras. Gracias, sombras. Porque son ellas las que le dijeron esa noche que ella no estaba bailando, que era una ilusión, que todo se había convertido en fantasía y deseo, en lujuria, en culpa, y el fantasma se le aparecía entre sueños y le cantaba zambas con una guitarra criolla y desafinada. Ella se despertaba pensando que no podía ser, que eran fantasías horribles, que ya iba a pasar, y se palmeaba la espalda, y se consolaba sola con un vaso de agua que nadie le iba a lavar después.

La felicidad le hacía un juego evasivo e infantil, toy no-toy, y se le acostaba al lado, en la cama ridícula de grande, y le contaba los finales de las historias que todavía no había podido leer. El día que ella pudo vencer al aliento apestoso y macabro, fue el mismo día que se entregó a una soledad elegida, y haciéndose la madura, sosteniendo el cigarrillo y el vaso de vino, se despidió de la casa con un “hasta pronto”.

Tuesday, November 10, 2009

Monday, November 09, 2009

"Uno puede defenderse de los ataques pero contra el elogio se está indefenso". Freud.

P.D.: Escribanme!. Maca

Sunday, November 08, 2009

El domingo, a ésta hora –y a ninguna otra- se hace chiquitito, se esconde, y se convierte en secreto. Uno triste, pase lo que pase, aunque las risas y la infancia. Igual triste.
Domingo a rastras, secándose, tibio, sin pasos, como el agua de un lago en verano, bajo el sol.

El principio de ese secreto es ésta melancolía.

Friday, November 06, 2009

Vuelvo... Este texto es producto un trabajo de taller, y como me lo halagaron pensé... Y por qué no nos pegamos un retorno al blog? Saluttiiii!!!

Él y yo nos conocemos desde el principio de mis tiempos, vaya uno a saber desde cuándo, cómo es eso del embrión que se implanta en el útero y comienza a crecer y después se convierte en uno de nosotros. Hay UN momento, uno solo, único e irrepetible. Desde entonces nos conocemos... Parece ser que, en parte gracias a Él, los seres humanos tenemos el poder de hacer personas, qué loco, pero cuando lo identificaba con aquel señor de barba blanca y tupida no lo sabía, o no lo pensaba. Ese tipo, una vez cada tanto, me pinchaba a fuerza de besos cuando me iba de su consultorio, augurándome buena salud. Algunas noches en casa, después de cenar, también creía verlo pero en otro cuerpo, dentro de ese otro tipo al que se le daba por hacerme cosquillas y “torturarme”. Cómo le gustaba usar esa palabra, ahora me parece feísima pero por ese entonces ni eso ni nada que viniera de él me molestaba, es más, todo lo suyo me gustaba, hasta sus chistes de mal gusto. Así que ahí andaba, chiquita, bocona y de patas flacas, repartiendo la fantasía de su imagen física entre la de mi pediatra y la de mi padre. Uno me regalaba caramelos en forma de gajos después de revisarme, caramelos de colores divinos, muy brillantes, y el otro me regalaba o daba todo lo demás: la comida, la casa, la ropa, los chiches y la educación religiosa que, como no podía ser de otra manera, sería la encargada de informarme que mis ideas al respecto de Él eran erróneas y que Él no estaba en ningún hombre, humano ni persona de carne y hueso, ni siquiera en mi papá. No, Él, era más grande, superior a todos y a todo…

A veces me lo imaginaba como un coso de forma incierta de purísima plastilina, amarilla con vetas verdes y tal vez con ojitos de plástico blancos y negros. También lo supe ver como a una gran cabeza de pelo negro y corto, parecida al dibujito del nene de las galletitas Manon, pero tampoco era así porque Susi, la primera de una larga lista de catequistas –alta, de rulos marrones elevados por alguna fuerza eléctrica e indomable, de ojos muy redondos- un día nos dijo que ese tal Jesús –flaco, barbudo, sucio- era su hijo, y que la virgen María –pelo negro lacio, tez blanquísima, cara de súplica constante– era la mujer que había elegido para concebirlo. Recuerdo perfectamente cómo le miré la panza a mi mamá esa tarde. Pobrecita, pobres las mujeres, tener que llevarles los hijos a los hombres, pensé. ¿Por qué no se los llevan ellos, eh?, ¿es que acaso no son taaan fuertes como dicen?. Entonces me decidí a sacarme algunas de las dudas que lo rodeaban a Él y le pregunté a mi vieja quien, prendiéndose un cuarentaytréssetenta, contestome: “Es un poder, como una magia, es grande, no sé cómo explicártelo, nos ayuda, vos le pedís lo que querés y necesitás y si te portás bien él te lo concede, te lo da, pero no te hablo de juguetes, hablo de las cosas que no se pueden comprar, también hay que darle las gracias por todo.”. Uy, era cada vez más difícil… Para los juguetes estaba mi viejo –deportista, ojeroso de ojos turquesas, ambicioso y guitudo– y para todo lo demás estaba Él que ya no tenía ni cuerpo ni cara, ahora sólo tenía poder. Martha, la señora que trabajaba en mi casa –cara cuadrada, cuerpo cuadrado, manos arrugadas y venosas, brazos llenos de fuerza- en otra oportunidad me comentó que ella lo había visto una noche, allá, en el campo donde se había criado. Me dijo que era una luz blanca, inmensa, que no te dejaba ver pero que te hacía sentir re bien. A ella le había llevado a una hermana, pero igual decía que era mejor así porque la hermana estaba enferma y no se iba a curar y por eso ella le pidió y le pidió y Él al final se la llevó y toda la familia estaba más aliviada, no contenta, aliviada… Ay ay ay, yo no quería que se llevara a ninguno de mis hermanos por más hinchas y malditos que fueran a veces. Yo sólo quería olvidarlo porque me daba impresión y miedo que una cosa inmensa luminosa e incierta fuera tan poderosa. No conforme la humanidad con hacerme sufrir el terror en carne propia y viva y de cañón, otro día, en plena clase de catequesis dictada por la suplente de Susy, una tal Verónica –nariz operada, ferviente cantante del coro de la iglesia, seguramente virgen hasta el día de hoy- me vine a enterar que estaba en todas partes. Qué cagazo, madre mía. Para ese entonces ya me gustaba leer y me devoraba las historias de Agatha Cristie. Dejé de hacerlo, como también dejé de desearles cosas malas a mis hermanos, como también dejé de sentir que las iglesias eran un lugar seguro, calmo y lleno de amor. Y cambié, Él me cambió, me llevó a ser una niña desconfiada, quizás turbia, pésima estudiante y llena de juguetes importados. Ya no quería leer, ni dormir, ni asistir a las clases de catequesis. Mis compañeritas cantaban lo más chochas canciones que decían que Jesús nos vino a redimir y que por eso se murió clavado en una cruz, que teníamos que llevar su palabra y serle fieles; ¡hasta le pedían que los llevara a servirlo sin importarles cuándo ni dónde!, ¡¿es que todos se habían vuelto locos?!.

De repente, un pésimo día, mandan la primera nota en el cuaderno con respecto a la comunión, a la primera, a esa que nunca se olvida… Le rogué a mi madre que no me llevara, le expliqué que no quería tomar nada que tuviera que ver con toda esa situación macabra y llena de misterios horribles y personas que no dejaban de cantar canciones tristes de ambiciones entusiastas. Pero ella sabía convencerme y me fue por el lado del vestido blanco y largo, vestido de princesa que encima le había pertenecido. Me prometió una fiesta, regalos, todo más grande que un cumpleaños, algo mejor porque era algo único que sucedía una sola vez en la vida. Por supuesto que acepté. El día anterior mi padre me ofreció ser él quien me cortara un poco el flequillo ya que se había hecho tarde para ir a la peluquería. Me dejó la frente revestida de un deshilachado bombé que nadie me creía que no me lo había hecho yo misma. Y si bien quiso resarcir su error con un buen desayuno a base de torrejas, jamás volví a pensar en él como en un ser superior. Pero todo parecía estar bien y yo me prometí no volver a usar flequillo nunca más en la vida; eso me reconfortaba. Llegaron los sanguchitos, la casa se llenó de globos, mamá acomodaba monjitas de cerámica sobre una mesa decorada de amarillo y blanco, hasta que se hizo la hora de ir a la iglesia. Allí formamos una larga fila de 33 niñitas blancas radiantes inmaculadas y cubiertas de pánico, y dimos los primeros pasitos que nos conducirían hacia el altar. María Victoria Campi, nerviosa por las mismas y obvias razones que yo, pisó parte del ruedo de mi vestido provocando que todo él, todo-todo, se desprendiera del resto. Me quedé con una suerte de minifalda blanca y las lágrimas en los ojos corrieron el rimel que mi madre me había puesto mezclándolo con el colorete de Tamy y el perfume Mujercitas; un asco... Pese a que una vez más todo se solucionó y a que la fiesta en mi casa fue hermosísima, conservo de aquella experiencia una sensación de rareza, de que algo no funcionaba, de que Él no era ni tan grande, ni tan real ni cierto, ni bueno… O tal vez nadie me había explicado las cosas como se debía…

Con los años, la vida, los nacimientos, casamientos, trabajos y muertes, mi fantasía al respecto de Él se fue modificando. Lo quise, lo desquise, lo detesté, lo juzgué, lo amé y preferí olvidarlo hasta que volví a obsesionarme con su figura, imagen, poder y gloria. Hoy puedo decir que lo conozco y eso no significa que sepa cuál es su cara ni dónde está ni cuán poderoso es. Hoy sólo sé que lo necesito y con eso me alcanza. Hoy sólo sé que me acompaña, que a veces me ayuda, y que me la cuida a la vieja que seguro lo anda revoloteando, hablándole de teatro, contándole chistes malos, volviéndolo loco, escribiéndole la frente. Mi abuela las otras noches me comentaba que a veces, el muy ingrato, se niega a comer su arroz con leche. Mi abuelo Toto en cambio se ríe cerrando más que nunca el ojo chueco, y me dice que no le haga caso, que ella es muy sensible a esas cosas… Mi abuelo Pepe ni me llama ya, siempre está ocupado pintando y hablando con Él con quien se entiende de maravillas porque los dos hablan un idioma inmenso y luminoso. Y mi vieja, siempre ausente, siempre presente, me manda a cada rato alguna noticia divertida, algún chisme, dos estrellas… Ayer se coló en un mail para hacerse la moderna, la contemporánea, y me regaló algunas esperanzas con respecto a mi trabajo… Anoche me abrazaba igual que yo la abrazaba a Violeta, acurrucadas todas sobre la cama chiquita y rosada, cama de nenas, cama de madres e hijas… Y yo sé que se lo debo a Él que no es mi amigo pero cuando voy a sus casas me siento bien, salgo aliviada como decía Martha. No tiene cuerpo, pero a veces me abraza. No es morocho, pero me gusta. Es grande, pero lo puedo meter en todos lados. Es colega de los que añoro, y eso lo convierte en importante para mí. No cura, pero a veces me hace las cosas más livianas y llevaderas. Supongo que el día que estemos frente a frente nos vamos a quedar callados, mirándonos, disfrutando por fin de ese primer contacto visual. Porque ojos sí tiene, ojos de mil colores, ojos de mirada abarcadora y mágica, ojos de cielo. Yo –mujer melancólica, madre dedicada, escritora constante, amante loca- lo quiero mucho…

Friday, October 31, 2008


Mi familia anda naufragando en incertidumbre. Queremos mudarnos y por eso nuestra casa está en venta. Pero aún están las cajas cerradas de la mudanza anterior, y todas esas cosas pendientes de ésta especie de nueva casa que no es tal y que arreglaríamos en el caso de quedarnos pero como no sabemos qué va a pasar no arreglamos y entonces que los pisos de los cuartos, que los libros apilados en el cuartucho del fondo, que los objetos que no sabemos dónde quedaron, y encima, y detrás, y por encima, el duelo de la venta de la casa grande, histórica y familiar, y las incomodidades de ésta con sus otros temas también familiares pero, de alguna manera, más pintorescos, o menos malos, y el no saber si somos o seremos elenco estable o, al igual que en la vida, estamos de paso… Y en medio – siguen las enumeraciones, y ésto recién empieza – viene “gente a ver la casa” porque claro, repito, está en venta. Entonces tenés que tener todo impecable – ya estoy decorando las cajas con “carpetitas” que supe criticarle a mi madre en tantas oportunidades tildándolas, sin remordimiento alguno, de “patéticas”. También tenés que lavar lo que está en la pileta, no dejar pendulando la bombacha agujereada que por cierto es la que mejor me queda por éstos días; como tampoco conviene estar hirviendo brócoli, o durmiéndote una siesta a pata ancha al lado de tu hijita que mira pasar la gente rascándose “la pocha” y haciendo sonrisas de incomprensión… Y la gente… Ay la bendita gente que se supone tenés que tratar bien, casi venerar, que entra en tu vida y en tu intimidad abriéndote los placares, sacando fotos, y usándote el baño (“bendito Lisoform”, suspiro sabiéndome más amadecasa que nunca…) Y por otro lado quisiera decirles algo así como “soy buena persona y ésta casa es la casa de tu vida y en ningún lado en el mundo vas a ser tan feliz como acá así que comprámela rápido que tengo necesidad de mudarme a otra más grande que me gusta más, en otro barrio, lejos de las historias familiares, donde quiero empezar una nueva vida, o algo parecido, con mi hermosa familia de ya cuatro integrantes, y de paso te cuento que retomé terapia y me aconsejaron que sería bueno hacer todo ésto antes de parir a otra nena de la que voy a ser nada menos que la mamá…”. Pero a la vez tenés una sensación extraña que te hace sentir aprehensión por todo y por todos, y no querés que nadie mire lo que colgás en el tender, como tampoco que se metan y pisoteen el cuarto de tu hija, porque si bien querés vender la casa todavía es tuya, y es la única casa que tenés, y es el lugar donde cenás todos los días con tu familia, y es donde se duermen tus sueños, donde juegan tus recuerdos, donde se distraen tus dudas, donde la incertidumbre es tan constante como el orden, y la limpieza, y el gataflorismo que anoche tuvo acidéz y ésta tarde, ganas de llorar y reír alternadamente, frente al espejo, en la más absoluta intimidad hoy tan imposible como las certezas.

Friday, October 24, 2008

http://www.filba.org.ar/contenido.html

Thursday, October 23, 2008

las estrategias de la vida cotidiana se vuelven confusas, algo crueles o engañosas en éstas noches con sol que alguien caprichosamente nos ha impuesto. es bueno o es malo?, la pregunta de siempre supongo. o despertar a Violeta para que se duerma temprano ésta noche o dejarme llevar por las teclas que me reclaman como hijas también. qué raro es todo, vivir acá, sentirme observada, impropia, y a la vez enamorada y con la casa limpísima oliendo a jazmines... nadie me va a entender, sólo yo sé lo que paso y vivo y siento, quién más?, nadie más... y mientras tanto una nena muy chiquitita que todavía no está preparada para éste mundo se mueve avisándome cosas que pretendo entender, que a veces entiendo, y que son mi (nuestro, shhh) secreto. ahí sí que nadie se mete, ni espía, ni nada. esto es nuestro, le digo, y la otra que se cree que le hablo a ella se ríe diciéndome "mamita, mamita". y lecturas, y el teléfono, y ya tá...

Tuesday, October 14, 2008

éste cuerpo enorme


Me miro sin comprender éste cuerpo enorme, lejano a esas polleras que tan bien supieron lucirse en mí. Mi envase de hoy es una suerte de pariente de algún pantalón que no me cierra ni en pedo. “El milagro es en mí”, susurro en tono de mantra absurdo, y pienso en la belleza diferente, y en lo mágico, y me envuelvo en ese halo romántico que nos da el segundo corazón que nos late adentro. La exclusividad, el pensar que a “ellos” no les pasa y a nosotras sí, lero lero, pero también la rareza por ser la bola que cada vez se hace más redonda como si avanzáramos en la nieve, y el deseo que también cambia, que a veces se pianta o que la manda a dormir a esa otra que hace ya tres años está afuera del cuerpo anteriormente mencionado, y es libre. Orgullosa madre inmensa que ruega por los otros pecadores, ahora y en la hora del nacimiento, amén. Che, y mi vieja que no está. Cada vez que me aparece, últimamente, me sube un espeso reproche convertido en arcada. Es como que no le perdono que se haya ido, que no esté, que no me ayude con la comida o el jardín de infantes, que me haga escribir siempre sobre ella y su ausencia, su ausencia y ella. Debo aburrir a todos con éste discurso melancólico pero les juro que a veces se me va de las manos, del alma se me va... Y entonces a poner el foco en la hija, su vida social, la vida familiar, el marido que huele divinamente por las mañanas, la falta de espacio, la vital necesidad de agenda/orden/cronograma, las enumeraciones, uno, dos, tres, y ayer que por fin nos compramos celulares que andan y sacan fotos y te dicen la hora de Argentina y no la de Pakistán. Crecemos de alguna manera cuando adquirimos esas cosas que nos colocan en un lugar un poco más acorde al de aquellos que nos rodean. Y pese a todo, a esa sensación y a la pertenencia a otros grupos sociales, y a la hija, y a la panza, y al sueño, y a la familia política, y al desgarro insuperable de la orfandad, de a chispas nos parece que nunca fuimos tan pero tan pero tan felices. Y entonces corro, agarro un libro e invento un ejercicio para los alumnos que todavía están en mi mente, que no olvidé, y entonces sin querer me toco una teta y no puedo cerrar los ojos de lo impresionados que están, ¿cuántos van a alimentarse de mí?. Por suerte será una sola, me consuelo, una muy linda, que no me va a dejar leer por no quitarle la vista de encima, de sus ojitos, de su pelito, de la maravilla, del amor que va a reventar a la ausencia de mamá. Es mentira, pero qué buena es a veces la mentira... Ángela se llama mi nueva hija que viene a ser la hermana de esa otra que me hace saltar del amor a la falta de paciencia en un segundo. Ayer, entre las pelotas de colores, y el sábado, perdida en medio de sus amigos, qué feliz me hizo, qué feliz es, cuánto amor me da. Hoy he comido sin parar, la ansiedad del milagro, y después el mate que me calma, una especie de saciedad que no es culposa porque lo tomo sin azúcar y sin intención de generarme pensamientos concretos y mucho menos coherentes, inteligentes o legibles. Qué fea es la palabra “legible”, hoy me suena peor que nunca.

Thursday, October 09, 2008

tanto...


tanto tanto que no escribo. pero ahora tampoco tengo ganas. tengo ganas de decir algunas cosas pero sin presiones/ preciones/ preziones ni siquiera ortográficas. al que le gusta bien y al que no que le llueva garito, o que la garúe liviano, o que le caiga tormenta impiadosa sobre la mente extraviada. en éste tiempo crecimos. hablo de nosotras. el 7 cumplió romi los treinta. carli con una hija. leti con un hijo. yo con una panza y una nena peinadora. mis amigas las tías. los temas son las casas, los novios, las parejas y/o maridos, los suegros y... los hijos!. crecimos. algunas marcas nos rodean los ojos. de fondo, ahora, mientras escribo, es micky mouse el que habla sin parar, cuando no, es Violeta, la única con mayúscula en toda ésta historia. y Ángela. Y Dieguito. mis prioridades afectivas. y YO, YOYOYO. la que lleva limpia ordena la cocina, el baño, las medias apestosas, el mando de los mimos, las rascadas de espaldas, las idas y vueltas de cumples y jardines de infantes, clases, libros de costosa lectura. YO: la voz sonante de los proyectos a futuro, el bolsillo del dinero que se licúa al paso del crecimiento familiar. la vorágine de esperanzas y deseos de prosperidad, casa nueva, mayor intimidad. me repito que el casado casa quiere y me da risa. siempre me río de los dichos, y me rio de janeiro, claro está. algunos nos casamos y tenemos hijos que bautizamos gracias a Dios, también mayusculado, idolatrado, perseguido, implorado, nuestro pese a todo, pese al tiempo, pese a la gratitud. y seguimos creciendo como si no nos diéramos cuenta. nos volvemos a reír, nos reencontramos con viejas amigas que también progresan en trabajos y profesiones. a mí me crece la panza y por mucho tiempo no me iré a recorrer europa. todo tiene su yin, a veces no encuentro mi yan, y a veces lo escondo con éstas manos perezozas/osas/mozas. crecemos, necesitamos de las siestas y pedimos excursiones a parrillas de la zona para sentirnos de carne y hueso, carnívoros a morir, a matar o morir, a crecer, a dar y recibir, a crecer, a jugar a las barbys otra vez, ota vez, ota vez y una más y no jodemos más, sí jodemos, pero con otras cosas, con otro humor, otros chistes, crecemos en sensibilidad también, nos enfermamos de angustia y resusitamos (susi/ceci/suchi) dos minutos después. hay que vivir la vida lo mejor que se pueda. obviedades al margen. panzas e hijos en cumpleaños maduros y resusitantes. amor y amistad. siempre las mismas raíces a base de vainilla, cacao y jugo de limón. de tía limón. de ustedes, mis amigas, y de nosotras, mis mujeres que soy YO. YOYOYO.
amor siempre. inamovible. feroz.

Monday, July 07, 2008

Yo soy de las cosas chiquitas: una cajita, los aros de perlas de fantasía, más cajitas – con piedras, con tejidos, con incrustaciones -. Guardo con dolor en mi memoria los objetos que perdí, y eso a ella le gusta, lo disfruta con cinismo. Por eso, cuando le hago un comentario como “te acordás de ese lapicito que una vez…” ella enseguida se ríe -siempre con cierta agitación y recordándome, quizás sin intención, a mi madre-. Supongo que en parte se debe a que a ella las cosas chiquitas le cuestan, se le escapan y sobre todo, se le pierden o se le chorrean entre las manos como aquel rosario de plata, espeso y triste. También dedales, agujitas, prendedores; y eso que casi todo pertenecía a nuestra abuela y sin embargo ella no lo supo cuidar ni siquiera en nombre del pasado, de la herencia, de lo mucho que importa el atrás en las vidas cortas que nos dan para, con suerte, exprimir. Entonces es claro: el remedio de la risa siempre es efectivo para aquel que no quiere detenerse a llorar, pero el llanto es tenaz como ninguna otra expresión, y en algún momento de la vida aparece. Yo no quiero estar el día que ella llore. El día que piense que no tiene amigos, que la gente se le acerca por el dinero que igualmente no sabe cuidar, que en realidad está vacía, rodeada de cosas chiquitas, carentes de sentido real, salvo por mí, su única compañía. No, no quiero estar ahí, aunque me intriga de sobremanera lo que pueda ocurrir. Siempre fantaseo con que las lágrimas de tan densas lleguen a cristalizarse y entonces yo pueda hacer con ellas pequeñísimos colgantes que no alcancen a cubrir éste cogote envidioso (el de ella es largo, estilizado, de niña bien). Colgantes sin sentido, como casi todo lo que poseo. ¿Es que acaso ella y yo padecemos el mismo mal?. No quiero una respuesta, y tampoco quiero sus lágrimas ni su risa ni ninguna de sus pequeñas cosas, ni siquiera deseo volver a estudiar su dentadura con discreta curiosidad. Tiene los dientes locos, uno para cada lado, pero igual es feliz y nunca llora como yo. Creo que hoy la odio.